—El chiste es malo—contestó un exquisito poeta que llegaba, hambriento, como todos nosotros,—pero te lo perdono en mérito a las circunstancias: tres días de tranquear largo, dos noches sin dormir y más de cuarenta y ocho horas sin comer, no pueden considerarse excitantes para la función cerebral...

—¡Para lo que tienen que hacer aquí los cerebros!...—respondió el hombre alto, extendiéndose largo a largo sobre el pasto.—A nosotros nos dan los matungos que no caminan, los fusiles descompuestos... y la carne que sobra... ¡Vean qué rico olor de asado viene hasta aquí!...—hacen bien: somos los inservibles.

—Verdad—confirmó el poeta;—en ciertos momentos y en ciertos medios, las flores valen poco.

—Y en todos los momentos y en todos los medios, los zonzos no valen nada—concluyó sentenciosamente el muchacho flaco y largo.


Concluída la guerra de mala manera, los revolucionarios salieron, sin embargo, con pulpa entre los dientes. Los ases revolucionarios, se entiende.

Acto contínuo se resolvió no desperdiciar los puestos legislativos que la ley dejaba a disposición de la minoría vencida militarmente. Hubo quien propuso una diputación para el hombre alto, flaco, etc..., pero la masa declarólo inservible para el cargo, dado que sólo tenía talento...

Unos años después, hallábanse reunidos en Buenos Aires varios de aquellos inservibles. En una noche memorable una sala repleta y selecta aplaudía frenéticamente una obra en que el autor primerizo se revelaba, no sólo un literato superior, sino un psicólogo profundo, un admirable analista de almas, cuya clarovidencia lo indicaba como faro, guía y conductor de muchedumbres, sanas pero ciegas...

Triunfó, triunfó estruendosamente el muchacho alto, flaco, cargado de espaldas, y desde entonces, lleno de laureles, comía cada dos días uno, y siguió siendo un inservible, tan inservible que su gloria pasó inadvertida para sus compañeros de lucha cívica, aun hoy convencidos de que era injusto darle un caballo que caminase y un pedazo de pulpa para saciarle el hambre, mejor empleados en servicio de un gaucho vago, haragán, asesino y bruto...