Pocos días antes del proyectado viaje, el señor de Pavol recibió carta de un amigo que le pedía permiso para conducir al castillo a uno de sus parientes, un cierto señor de Kerveloch, antiguo agregado de embajada. Mi tío contestó con premura que le sería muy grato recibir al señor de Kerveloch, y le invitó a almorzar, sin presumir que salía al paso a un acontecimiento que, desvaneciendo sus sueños, debía resucitarme la esperanza.

El segundo día después de escrita esta carta (tengo mis motivos para acordarme eternamente de tan célebre día)—el segundo día, hacía un tiempo espantoso.

Según nuestra costumbre, nos hallábamos reunidos en el salón. Blanca preocupada y sentada cerca del fuego, respondía con monosílabos al señor de Couprat. Este testarudo enamorado, no habiendo podido soportar su destierro, había reaparecido en el Pavol a las cuarenta y ocho horas.

Mi tío leía el diario, y yo me había refugiado en el hueco de una ventana.

Alternativamente trabajaba con nervioso entusiasmo, pues tenía pasión por las labores de aguja, o contemplaba el firmamento obscuro y la lluvia que caía sin interrupción; escuchaba el rugido del viento, de ese viento de Noviembre que parece llorar quejumbrosamente, y me sentía fatigada, triste y sin el menor presentimiento feliz, aunque en aquellos instantes acudía a mi la felicidad arrastrada por el rápido trote de dos briosos corceles.

De rato en rato y a hurtadillas, yo echaba una miradita a Pablo. Miraba a Blanca con una expresión tal, que me daban ganas de estrangularla.

—¡Qué aire de idiota tiene!—decíame yo, mirándola así, con los ojazos fijos y casi atontados.

—¡Sí!; pero si yo estuviera en el lugar de Blanca, y me contemplara del mismo modo, lo encontraría encantador y más lindo que nunca! ¡Oh, inconsecuencia humana! Y clavé mi aguja con tanta rabia, que la quebré.

En ese momento, oímos el ruido de un carruaje que llegaba al castillo.

Mi tío dobló su diario, Juno aplicó el oído diciendo:—¡Tenemos visitas!—Y algunos segundos después eran introducidos en la sala, el amigo de mi tío y su agregado de embajada.