Los indios Ho-pi son ahora unos dos mil y viven en siete pueblos, costruídos en lo alto de las mesas de una montaña inaccesible, á las cuales se llega por senderos escarpados, tallados á menudo en la roca viva. Los sitios donde están estos pueblos no tienen vegetación ninguna, puesto que sus huertas se hallan en los llanos áridos que se extienden al pie de las mesas. Los alimentos, el agua, el combustible y todo cuanto se necesita en los usos de la vida tienen que subirlo de los llanos.

De estos siete pueblos, tres, que son Wál-pi, Sitcum-o-vi y Te-wa, están situados sobre una mesa que se extiende al Este de las otras. La distancia que separa á cada uno de estos tres pueblos de los otros es la de una pedrada. Los dos primeros son verdaderos 9 Ho-pi, mientras que Te-wa es una colonia de indios llamados á su actual territorio por los Ho-pi, hacia el año 1710, A. D. Su idioma es distinto del de sus vecinos, y existen muchas diferencias entre las costumbres de ambos.

La segunda mesa dista próximamente siete millas de la ya mencionada, y comprende dos pueblos. Mi-coñ-in-o-vi y Ci-paú-lo-vi, este último situado en una altura aislada. A unas tres millas hacia el Oeste de Mi-coñ-in-o-vi, en la continuación de la segunda mesa, está Ci-mó-pa-vi. Oraí-be, el más populoso y más antiguo de los pueblos Ho-pi, está á unas quince millas del últimamente mencionado, y la mesa en que está situado queda separada de la ya citada segunda mesa por una extensa llanura.

Los pueblos Ho-pi habitados son de piedra, y varían entre uno y cuatro pisos, formando construcciones comunes con muchos cuartos, y teniendo acceso á los pisos superiores por escalerillas de mano. La Religión cristiana no existe entre estos indios, que conservan la religión de sus antepasados. Los últimos misioneros españoles que vivieron entre ellos murieron arrojados desde lo alto de las mesas á fines del siglo XVII.

En la provincia de Tusayán hay muchas ruinas de pueblos antiguos, la mayor parte de los cuales fueron, según pretenden los Ho-pi actuales, habitados por sus antecesores. Son muy ciertas las leyendas relativas á la destrucción y á la historia de los 10 acontecimientos ocurridos cuando fueron destruídos algunos de estos pueblos. La más importante de dichas ruinas se llama A-wá-to-bi, el alto sitio de la plebe, que fué destruído por los demás pueblos, indignados porque sus moradores habían recibido á los españoles y aceptado el Cristianismo. Muchas de las vasijas y otros objetos de cerámica proceden de excavaciones hechas en A-wá-to-bi y en el cementerio situado cerca de dicho sitio. A-wá-to-bi era una floreciente ciudad en tiempos del conquistador español Vargas, y mandó grandes fuerzas para combatirle.

El antiguo Wal-pi de los conquistadores está ahora en ruinas en la extremidad de la mesa en donde se halla la ciudad moderna. En este sitio fué construída una iglesia y se pueden ver trozos de sus vigas en casas modernas.

De las ruinas de Si-ká-ki son muchos de los objetos que figuran en esta colección; Si-ká-ki, situado en las alturas inferiores debajo de la primera mesa, fué destruído hace muchos años. Su exacta antigüedad se ignora, pero se cree que los conquistadores españoles lo encontraron habitado. Varios de los más importantes objetos proceden de las numerosas ruinas que hay cerca del Cañón de Keam, diez millas al Este de la primera mesa. Nunca se ha hecho una exploración sistemática y científica de las ruinas Ho-pi, pero la mayor parte de los objetos aquí exhibidos fueron entregados para la venta al comerciante M.r T. V. Keam por los indios nómadas. De esta manera 11 obtuvo la mayor parte de la colección este señor, de quien la adquirió la Expedición Hemenway.

Los indios Ho-pi son unos dos mil. Son pequeños, pacíficos, industriosos y hablan un dialecto indígena distinto del idioma de los otros pueblos de Nuevo Méjico y Arizona.

Algunos etnologistas americanos pretenden que por el lenguaje se relacionan con los Shoshones, pero sus verdaderas afinidades quedan todavía sin determinar. No admiten la poligamia, ni compran sus mujeres, á quienes tratan con respeto. A éstas pertenecen las casas y utensilios domésticos. Son hábiles alfareras y cesteras, tomando también parte en las faenas del campo. Los hombres usan las mantas, y son industriosos, inteligentes y muy religiosos. Todos pertenecen á algún sacerdocio, y toman parte en complicadas ceremonias. La religión consiste en un elaborado sistema de ceremonias y prácticas, correspondiendo un rito importante á cada mes. Estas prácticas son de nueve días, durante los cuales, ceremonias ocultas se llevan á cabo en cuartos secretos llamados Kib-cas. Estas prácticas suelen terminar por un baile sagrado público, no pudiendo asistir á las otras ceremonias nada más que los iniciados.

A pesar de los heroicos esfuerzos de celosos misioneros, no hay cristianos entre estos indios, si bien se nota la influencia del Cristianismo en algunas de sus ceremonias.