Oigamos a los enamorados:

—¿Pensó usté en aqueyo?

—No.

—¿Por qué?

—Porque eso no se piensa: o sale de adentro o no sale.

—Me es iguá. ¿Sale?

—Miste: lo que tengo de responderle a usté, lo sé desde er día que estrenó usté la capa.

—¿Le gusté?

—Me gustaron los embosos.

—Estos son. Coloraos. Juegan con sus labios de usté.