-No, señó; ¿en un mes loco vamos a empesá una cosa tan seria?
—Según eso... la vamos a empesá. Ya está usté cogía.
—Ayá veremos.
—Quié desí que si no es en Febrero, será en Marso.
—¿En Marso, con er viento que hase, y la guasa que trae la Cuaresma, y espinacas los viernes?... No pué sé.
—¡Caramba, niña, que va un trimestre de dificurtaes!
—¿Y qué le hasemos?
—Pero ya está entendío: usté a lo que tira es a dí con las flores, pa que to sean flores entre nosotros. ¿Verdá? ¡Y que tengo yo unos claveles disiplinaos, que ayá por Abrí eyos solitos van a escaparse de la maseta pa írsele a usté ar moño!
—Si viera usté que he leído en er Saragosano—porque yo sé leé—que en er mes de Abrí va a diluviá... ¡Y yo no quiero que usté se moje en la ventana!
—Pasiencia. ¿Ha leído usté si en Mayo habrá só?