Ruf.

Vamos, Carlotita...

Carl.

¡No se acerque usted!

Ruf.

Pero, ¿hasta cuándo?...

Carl.

Y le advierto á usted que me importa muy poco que mi mamá le conceda mi mano, porque como soy yo la que tiene que pronunciar el sí...

Ruf.

Mira, Carlota, yo no sé por qué me has tomado esa ojeriza, yo no tengo la culpa de que nos quieran casar. Mi papá me dijo un día:—Vamos á ver, Rufino, ya no eres un niño, no eres guapo... pero tampoco... lo serás nunca.—¿Te gusta Carlota, la hija de doña Anselma? Yo le contesté...—Papá, yo soy como Telémaco, me gustan todas.—¿Pero Carlota te gusta más?—Me gusta.—Pues es preciso que te cases con ella. Yo le dije:—Tendrá que ser un domingo, porque los demás días tengo que ir á la oficina.