¿No lo hace usté? (Con sorna.)
Isidra.
(Con tono de inocencia.) ¡El Señor me libre!... Usté me conoce, Manuel.
Tabernero.
Porque la conozco á usté, no la creo.
Isidra.
¿No?
Tabernero.
Óigame usté, señá Isidra: Yo no me meto en los asuntos de mi parroquia porque no debo, y porque todo el que entra en mi casa á dejar un duro, ó una peseta, ó una perra chica, es sagráo pa mí. Yo sé oir, y ver, y callar, y respetar á cada uno su marcha, que ese es mi oficio y mi negocio; pero no me venga usté con pamplinas. Aquí no cuelan.
Isidra.