¡Vamos!...
Paco.
La persona por quien yo peno, no está en aquel cuarto; usté lo sabe, y si cualquiera de esas mujeres le estorba á usté, lo dice y se marcha á la calle, y si la estorbo yo, me voy yo; porque donde yo esté y usté se presente, usté es la dueña, y la que manda, y la que dispone, y aquí está quien lo dice, y no se ha ido.
Rosa.
Gracias, Paco. (Dirige á Isidra una mirada de triunfo y orgullo satisfecho.) No lo decía yo por tanto. (Después de una ligera pausa y como si quisiera variar de conversación.) Vaya una malagueña bien cantáa la de antes.
Paco.
No está mal; pero al lado de usté... ¡Usté sí que canta como un ángel del cielo!
Rosa.
(Entre satisfecha y avergonzada.) ¡Eche usté arena!
Paco.