Pero la ventana de Berta con sus flores i sus versos eran el teatro de un amor, i el patíbulo de otro. ¡I qué importa! Manfredo jamás consentirá en el enlace de su hija con otro que no sea Arturo. ¿Qué importa? ¿No importará cuando Berta a su vez ya tiene entregado su corazon al desconocido amante i no tendrá ni voluntad ni fuerzas para desligarse de él? ¿cuando vive adorando los recuerdos de ese hombre i los mira a toda hora como los carisísimos pedazos de su corazon?
Alumbraba la luz de un nuevo dia, i con él la luz de una nueva esperanza para el poeta, de una nueva ilusion para Berta. Como tenia ya de costumbre, aproximose al alba a su ventana querida i la encontró adornada otra vez con un nuevo homenaje de cariño.
Un precioso ramillete de flores de café contenia dentro de sí estos versos mas preciosos aun.
Prendado estoi de una hermosa
Por quien la vida daré
Si me acoje cariñosa;
Por que es cándida i hermosa
Como la flor del café.
Son sus ojos refuljentes,
Grana en sus labios se vé