¡Si al menos se hubiese contentado con ponderar las cualidades físicas de su ídolo; con cantar hasta las más insignificantes circunstancias y pormenores de la historia de su amor, que duró de quince á veinte años; con recordar los favores que de ella logró, y que fueron, á lo más, hoy una palabra de amistad, otro día una mirada menos severa, el de más allá un movimiento de ternura al separarse de ella! Pero Petrarca, bien así como los artistas griegos que se complacían en levantar los simulacros de sus dioses en el fondo de un solitario y frondoso valle, ó en medio de una fértil y verde llanura limitada por encantadoras perspectivas, ó en lo alto de un promontorio, á fin de que la hermosura y grandiosidad del paisaje diese mayor realce á las de la estatua, por igual manera gózase el amante de Laura en evocar á cada paso, como para mejor describir las perfecciones de ésta, las más bellas imágenes del mundo físico, ó sea las esplendentes auroras, las puestas de sol de mil matices, los ríos que se deslizan suavemente murmurando entre los álamos, los frondosos bosques, los escondidos y misteriosos valles, lugares todos los más á propósito para murmurarse al oido palabras de cariño los enamorados, y cuanto, en una palabra, parecía poder servir de fondo al cuadro de sus amores, ó de expresión ó eco á los suspiros suyos ó de su querida. Fijad, por el contrario, vuestros ojos en cualquiera de las páginas de las obras del trovador valenciano, y de seguro, aunque leáis todos sus versos no lograréis trazar en vuestra fantasía ni siquiera la más vaga imagen de la mujer con tanta pasión por él amada; ni acertaréis á adivinar si era en la ciudad ó en el campo donde la veía y le pintaba el estado de su alma, tranquila y placentera cuando en amoroso éxtasis contemplaba sus perfecciones morales; agitada como mar tempestuoso cuando tenía que echarle en cara ingratitudes ó desdenes.
No sabemos de ningún poeta que más reservado se haya mostrado en alabar la hermosura del objeto de su amor. En una página de sus obras cabrían los versos en que más ó menos indirectamente alude á las cualidades físicas de aquella á quien, sin embargo, llamaba bella ab bon seny, y lir entre carts en muchas de las tornadas de sus cantos.
Hé aquí de cuán distinta manera que Petrarca alaba los ojos, el ademán y la voz de la que ama:
Yo viu uns ulls haver tan gran potença
De dar dolor e prometre plaher,
Y esmaginant viu sus mi tal poder
Que 'n mon castell era esclau de remença.
Yo viu un gest é sentí una veu
D' un feble cos, e cuydara jurar