No hemos de poner fin á esta introducción sin advertir á los doctos jurados del tribunal que ha de juzgar este nuestro pobre y desaliñado trabajo, y al público ilustrado á quien por ventura algún día le ofrezcamos, que apartándonos de la costumbre, en Cataluña bastante común, y en Valencia constantemente y casi sin excepción usada, de apellidar lemosina el habla en que escribieron nuestros antiguos poetas, sobre todo los de allende el Ebro, y valenciana y lemosino-valenciana, como lo hace el Sr. Ferrer y Bigué[7], la escuela á que pertenecen los trovadores de la XV centuria, designamos constante y sistemáticamente con el vocablo de catalanas, así la lengua en que nuestros poetas de Cataluña, Mallorca y Valencia compusieron sus trovas, como la escuela á que pertenecen, por todo extremo distinta, como acabamos de ver de la antigua provenzal; ó sea la escuela que floreció en la parte de acá de los Pirineos, nacida y por breve espacio de tiempo educada al calor y en el regazo de la tolosana, y que se desenvolvió bajo la influencia de los tratados sobre el arte de trovar[8], de que dejamos hecha mención, obras en su mayor parte de escritores tolosanos y catalanes; y en no escasa parte por efecto del establecimiento en Barcelona, á imitación del que había sido fundado á principios del siglo XIV en Tolosa, del Consistorio del Gay saber, en el reinado y por órden de don Juan II, el Amador de gentileza.

Y no se crea que nos lleve á usar aquella denominación un mezquino sentimiento de estrecho provincialismo: muévenos por el contrario á hacerlo el amor á la verdad y el deseo de poner las cosas en su verdadero punto y estado. Nosotros que hace un momento decíamos que deben ser considerados como poetas provenzales los trovadores que florecieron en esta nuestra tierra en los tiempos que median desde Alfonso II hasta el reinado de Pedro el del Puñalet, pero que escribieron en provenzal, y que por la forma y el espíritu de sus obras poéticas pertenecen á la escuela trovadoresca, creemos tener derecho á llamar poetas catalanes á los que escribieron al calor de las influencias que dejamos señaladas, en la lengua que fué llevada por la conquista á Mallorca y á Valencia, y tal como en esta parte de la corona aragonesa se hablaba; como nos creemos igualmente autorizados á dar el nombre de escuela tolosano-catalana dentro de cierto período, y de catalana en otro, sin el aditamento del primer calificativo, á la que, acomodándose á nuevas y más locales influencias, se sirvió, depurándolo cada vez más de antiguos resabios de provenzalismo, de aquel idioma.

Sabemos cuándo, por quién y con qué motivo se introdujo aquí la denominación de lemosí para designar el idioma catalán. ¿Mas son razones bastantes para adoptar esta denominación, que ninguna relación tiene ni con el origen, ni con las causas que pudieron modificar nuestra lengua, que aparece ya formada antes que se dejara sentir en nuestras tierras la influencia de la poesía de los trovadores, ni mucho menos con el nombre de ninguna localidad de la patria catalana ni aragonesa, el que Vidal de Besalú la usara por vez primera acaso por respeto á los dos famosos trovadores Bertran de Born y Guillermo de Borneil, llamado este último por Dante antonomásticamente el Lemosí; el que imitando á Vidal la emplearan, á veces obligados por la ley de la rima, algunos de los autores[9] de los nuevos tratados que se compusieron á ejemplo de sus Razós de trobar; que se valieran casi tan sólo de aquel vocablo para designar la lengua catalana Santillana y Villena, á quienes no creemos hacer agravio negándoles que sean autoridades dignas de respeto en estas materias, ya que, en especial el primero, casi únicamente de oidas conocía las obras de los poetas provenzales, franceses ó catalanes que cita[10]; y por último que Jaime Roig aplicara aquel nombre hasta á la tierra de donde era hijo:

Criat en la patria que s' diu limosina

No vol aquest libre mudar son lenguatje?

Mucho dudamos que los de Valencia, por más que estimen al autor del Libre de consells como poeta, por igual manera que se placen en trocar por el nombre de lemosina el de la lengua que con su independencia de la dominación musulmana les llevó el rey don Jaime, se conformaran hoy con aplicar á su patria, á la rica y fértil tierra que riega el Turia, y cuyas playas platea el mar con sus espumas, el dictado que le daba aquel poeta de patria lemosina; ó lo que es lo mismo, el nombre de una de las más insignificantes comarcas donde se hablaba la lengua de oc, la más apartada de Cataluña, y la que menos derecho tenía á que se designase con su nombre la lengua de los poetas provenzales y catalanes, ya que por espacio de dos centurias,—las del mayor florecimiento de la poesía trovadoresca,—estuvo sometida, como formando parte del riquísimo patrimonio de los Plantagenets, á Inglaterra[11].

El Sr. Milá advierte que el nombre de lemosí fué más usado por las provincias no catalanas, para las cuales debió ser más grato que el de catalán. Si así fuese, si por causas que no queremos averiguar, pero que fácilmente se adivinan, no sonara bien á los oidos de los mallorquines y valencianos, ya que no siempre fueron hermanos nuestros, la denominación de catalana dada á su lengua escrita,—que es en la que aquí únicamente nos ocupamos—, sobre todo refiriéndose á los siglos de su mayor florecimiento, ó sea á los en que el más experto y diligente filólogo no sabría encontrar diferencias verdaderamente léxicas ó gramaticales en el idioma usado por los poetas ó escritores en prosa de Cataluña, Mallorca y Valencia, ¿por qué en vez de la denominación lemosina, sin duda la más impropia que podía adoptarse para significar nuestra lengua, no aceptan la de provenzal-valenciana, ó la de lenguadociano-valenciana, que al menos indicaría, por más que fuese de una manera remota, su filiación de aquella lengua?

Permítannos los escritores y poetas de Valencia que usan el calificativo de escuela lemosino-valenciana que les recordemos que no hubo jamás ninguna escuela poética propia y exclusivamente lemosina; que cuantos críticos dentro y fuera de España se ocupan en la literatura provenzal y en la nuestra, hablan de la escuela de los trovadores, de la tolosana y de la catalano-tolosana, y algunos de la valenciana, pero nunca de aquélla; como también que, rectificando denominaciones impropias, hoy que un más profundo estudio de los hechos y de las cosas tiende á dar á los nombres técnicos su propio y verdadero valor, rechacemos, limitándonos al sujeto que nos ocupa, la calificación de dialectos dada al catalán y valenciano[12], no ya tan sólo por el vulgo de las gentes y por autores hueros y adocenados, sinó hasta por escritores tan eminentes, y por tan graves y discretos críticos como, por ejemplo, el señor don José Amador de los Ríos, y esto en una obra de tanta importancia y valor como lo es su Historia de la literatura española.

Concluiremos protestando una y cien veces más que al hacer esta declaración no ha sido en manera alguna nuestro ánimo herir en lo más mínimo susceptibilidades personales ni locales, sinó tan sólo salir al encuentro á los que extrañasen que no designáramos jamás en este escrito con el nombre de lemosín nuestro idioma, ni de valenciana la escuela de los trovadores que florecieron tanto en Valencia como en Cataluña en la XV centuria, explicándoles los motivos que nos han inducido á obrar de esta suerte. Nuestra divisa como escritores es, según indicamos ya en otro trabajo, el amicus Plauto, sed magis amica veritas. Podremos errar tomando por verdad lo que no es más que su apariencia; pero en este caso podrá decirse de nosotros que rompemos lanzas por un fantasma; jamás que faltamos á sabiendas á las reglas de la justa, ni mucho menos que nos batimos para que ande nuestro humilde nombre en boca de las gentes.