Fausto
Lleguemos a esas alturas;
descansaremos allí.
¡Cuántas veces, ay de mí,
sentado en sus rocas duras,
rico de esperanza y fe,
tras largas preparaciones
de lágrimas y oraciones,
los ojos a Dios alcé,
y pensando en la orfandad
Fausto
Lleguemos a esas alturas;
descansaremos allí.
¡Cuántas veces, ay de mí,
sentado en sus rocas duras,
rico de esperanza y fe,
tras largas preparaciones
de lágrimas y oraciones,
los ojos a Dios alcé,
y pensando en la orfandad