está la sala: en apretadas filas

aguarda el auditorio una gran fiesta;

eleva el ceño, ensancha las pupilas

y mudo espera –¡gente bondadosa!– que

venga a sorprenderle cualquier cosa.

En complacer al público soy ducho;

mas tranquilo no estoy, no estoy sereno:

es verdad que no ha visto nada bueno;

pero, en cambio, esa gente ha visto mucho.

¿Cómo lo dispondremos, de qué modo,