siento un hálito divino
y el cielo hasta mí desciende.
Fausto
Vas de un bien único en pos:
¡él solo turbe tu calma!
Tú no más tienes un alma,
y en mi pecho laten dos.
Por separarse, entre sí
trabaron lucha reñida:
la una, que de ardiente vida
siento un hálito divino
y el cielo hasta mí desciende.
Fausto
Vas de un bien único en pos:
¡él solo turbe tu calma!
Tú no más tienes un alma,
y en mi pecho laten dos.
Por separarse, entre sí
trabaron lucha reñida:
la una, que de ardiente vida