Fausto, entrando con el perro

Dejé cubiertos por oscura noche

monte y campiña, y otra vez despierta

con zozobra fatídica en mi pecho

el alma superior. Ya la materia

cede cansada; el natural instinto,

los borrascosos ímpetus, con ella

ceden al fin también; y el amor santo

a Dios y al hombre, me domina y llena.

¿Qué tienes, can indócil?