Del suelo que mis pies huellan

todas mis dichas brotaron;

el sol que mi frente baña

correr vio todos mis llantos:

si el sol cae y se hunde el suelo,

ya por nada más me afano.

Me es igual, si hay otra vida,

que odio impere o amor santo,

y que esa morada póstuma

sea el Empíreo o el Tártaro.