¡Ay, en verdad te lo digo,

yo que centenares de años

estoy royendo y royendo

el fruto indigesto y áspero!

¡Ay, en verdad te lo digo!

De la cuna al campo santo

digerir no puede el hombre

la levadura de antaño.

Ese todo, que ambicionas,

solo es a un Dios adecuado: