y con pelucón disforme
ciñe y abulta los cascos,
¿quién serás? El mismo que eres,
ni más gordo ni más flaco.
Fausto
¡Ay!, acumulé el tesoro
de la humana ciencia en vano:
cuando en mi interior penetro,
allí nuevas fuerzas no hallo;
ni me acerco al Infinito,