No me sorprende, en verdad.
Conozco esa ciencia ruin.
Las leyes, cambiando nombres,
sucédense entre los hombres
como epidemia sin fin;
y en su curso desigual
cambian: la razón más fuerte
en sinrazón se convierte;
acá es bien lo que allí es mal.
Hijo del hombre, ¡ay de ti!