(Obliga a Mefistófeles a sentarse.)

Fausto

(que mientras hablaban así, estaba contemplando un espejo, acercándose unas veces y alejándose otras.)

¿Qué miro, Dios soberano?

¿Cuál es esa pura imagen,

que en aquel mágico espejo

aparece tan brillante?

Para volar a su lado,

dulce amor, tus alas dame.