No sé quién tiene mis manos

porque no te despedacen,

y contigo a esos horribles

macacos u orangutanes.

¿Es que ya no reconoces

mi jubón color de sangre?

¿Es que la pluma de gallo

nada significa y vale?

Con faz descubierta vine:

¿no basta? ¿Habré de nombrarme?