Mefistófeles

¡Basta, inspirada Sibila!

Sirve el mejunje al instante,

y hasta el borde llena el vaso.

Los efectos no te alarmen:

hecho está ya el camarada

a esos tragos y estos lances.

(La Bruja, con muchos aspavientos, vierte la pócima en la taza, y cuando la lleva Fausto a los labios, enciéndese una ligera llama en el líquido.)

Bebe, y sentirás al punto

el corazón transformarse.