sin ajenos atavíos.
De juventud y beldad
los hombres ya no hacen caso;
si te echan flores al paso,
es por lástima y piedad.
¿Para qué ser bella quieres?
Hoy solo existe un tesoro,
y ese tesoro es el oro:
¡el oro!... ¡Pobres mujeres!
sin ajenos atavíos.
De juventud y beldad
los hombres ya no hacen caso;
si te echan flores al paso,
es por lástima y piedad.
¿Para qué ser bella quieres?
Hoy solo existe un tesoro,
y ese tesoro es el oro:
¡el oro!... ¡Pobres mujeres!