salta y canta eternamente,

siempre con los mismos brincos,

con la misma canción siempre.

¡Y ojalá solo en la hierba

arrastrase inquieto el vientre!

Pero en toda porquería

la atrevida nariz mete.

El Señor

¡Siempre es igual tu querella!

¿Nada más decirme quieres?