pues, aunque es chica la casa,

siempre hay algo a qué atender.

No queremos admitir

sirvienta, y hay que lavar

y coser y cocinar,

hay que entrar, hay que salir.

Mi madre, ¡es tan pulcra en todo,

tan exacta!... Y a fe mía,

si otra fuera, no tendría

que afanarse de ese modo.