y tanto amor en el alma

que ya no cabe allí dentro!

Como las ondas copiosas

de los derretidos hielos,

inundó tu pasión loca

e hizo desbordar su pecho;

hoy el raudal –¡pobre amante!–

está agotado, está seco.

En vez de reinar adusto

en bosques, valles y cerros,