¡Qué calor! ¡Qué llamaradas!

Ven a consolarla, necio.

Porque luz no ven tus ojos,

¿piensas que todo está negro?

Te juzgué más endiablado.

¡Ánimo y atrevimiento!

¡Bien haya quien nunca ceja!

No hay en todo el universo

cosa más triste que un diablo

desesperado y perplejo.