sacia el hidrópico anhelo
en ese raudal del cielo,
y cuando sientas, dichosa,
que se calma tu ansiedad
en deleite sin medida,
llámale ventura y vida
y amor y divinidad.
A ese bien, de ningún modo
hallo palabra adecuada:
el nombre no importa nada;
sacia el hidrópico anhelo
en ese raudal del cielo,
y cuando sientas, dichosa,
que se calma tu ansiedad
en deleite sin medida,
llámale ventura y vida
y amor y divinidad.
A ese bien, de ningún modo
hallo palabra adecuada:
el nombre no importa nada;