¡No más cadenas doradas!
¡Adiós, fiestas anheladas
por lucir galas y trajes!
¡Adiós tu sitio en el templo
a los pies del mismo altar!
En mísero lupanar
moribunda te contemplo;
y al perder allí honra y vida,
serás, ¡oh desventurada!,
si en el cielo perdonada,