y produce gran placer.
Una música sonó:
¡qué espantosa cencerrada!
Pasemos: te daré entrada
tan luego como entre yo.
Mira, ¡cuán vasto lugar!
Sus límites no se ven;
cien antorchas y otras cien
lanzan fulgor singular;
y una inmensa multitud
y produce gran placer.
Una música sonó:
¡qué espantosa cencerrada!
Pasemos: te daré entrada
tan luego como entre yo.
Mira, ¡cuán vasto lugar!
Sus límites no se ven;
cien antorchas y otras cien
lanzan fulgor singular;
y una inmensa multitud