ni joya que perdición
de una mujer no haya sido;
ni espada que no haya herido
al enemigo a traición.
Mefistófeles
¡Oh, mi señora parienta!
Guardad vuestra mercancía,
ya que los gustos del día
no queréis tomar en cuenta.
Lo que pasó, pasó ya;
ni joya que perdición
de una mujer no haya sido;
ni espada que no haya herido
al enemigo a traición.
Mefistófeles
¡Oh, mi señora parienta!
Guardad vuestra mercancía,
ya que los gustos del día
no queréis tomar en cuenta.
Lo que pasó, pasó ya;