ya no me besas? En tan breve ausencia,

¿cómo tan dulces hábitos perdiste?

¿Y por qué tiemblo y gimo, al abrazarte,

yo que dichosa, en éxtasis sublime,

sentí, al calor de tu pupila ardiente,

el cielo todo a mi deleite abrirse,

cuando, sin miedo a sofocarme en ellos,

me estrechaban tus brazos varoniles?

Di: ¿por qué callas? Bésame, o te beso.

(Abrazándole y besándole.)