son de la plaza y las cercanas calles
para tal multitud. La hora terrible
da la campana, y el bastón se rompe.
Ya me agarrotan, y en sus brazos viles
el verdugo al patíbulo me arrastra.
Ya pende sobre todas las cervices
la cuchilla fatal, contra mí alzada;
y es el mundo una tumba muda y triste.
Fausto
¿Por qué, por qué nací?