¡Oh! ¡Mal haya!... Es mi fámulo. Destruye

mi ventura y los éxtasis disipa.

En el pleno esplendor de mis visiones,

¿para qué, impertinente, tu visita?

(Entra Wagner con bata y gorro de dormir. Fausto le vuelve la espalda malhumorado.)

Wagner

¡Perdón! Tu voz, que a mí llega,

es la que me trajo aquí:

que recitabas creí

alguna tragedia griega.