Fausto

¿Saber? ¡Pensar que se sabe!

¿Quién dar puede el propio nombre

a las cosas? Si en la tierra

alguien descubre esa oculta

ciencia, y en sí no sepulta

los arcanos que ella encierra,

al derramar esa luz,

que al hombre obcecado hiere,

víctima infelice, muere