Así habló el falso Enemigo, encubriendo su astucia, pues ni hombres ni ángeles pueden discernir la hipocresía, vicio invisible en cielo y tierra, excepto para Dios, que lo consiente; que aun cuando la Sabiduría vigila, la Desconfianza duerme a su puerta, o cede el puesto a la Sencillez; y la Bondad no ve mal alguno donde claramente no se descubre. Esto fue lo que entonces engañó a Uriel, aunque como director del sol, era tenido por el espíritu más perspicaz del cielo; por lo que con natural sinceridad contestó así al pérfido impostor:

«Ángel hermoso: tu deseo de conocer las obras de Dios para glorificar a su Autor supremo, nada tiene de vituperable, antes la vehemencia misma de ese anhelo es de mayor alabanza merecedora, pues desde su empírea mansión te trae solo hasta aquí, queriendo asegurarte por tus propios ojos de lo que quizá en el cielo se contentan algunos con saber de oídas. Maravillosas en verdad son las obras del Altísimo, todas dignas de conocerse y recordarse siempre con delicia. Pero ¿cuál de los espíritus creados podrá calcular su número o comprender la infinita sabiduría que las produjo, aunque sin manifestar lo recóndito de sus causas?

»Yo vi cuando a su voz se juntó la informe masa de la materia, embrión ya de ese mundo: oyola el caos; la revuelta confusión adquirió forma, y la infinita inmensidad se redujo a límites. Pronunció otra palabra, y las tinieblas se disiparon; brilló la luz, nació el orden del desorden, y al punto se repartieron según su gravedad respectiva los elementos corpóreos, la tierra, el agua, el aire y el fuego. Voló a la región aérea la quinta esencia del cielo, y animándose según sus diferentes disposiciones, y girando a modo de esfera, se convirtió en esas innumerables estrellas que estás viendo. Cada cual ocupó distinto lugar conforme su movimiento; cada cual sigue su curso; y lo demás circuye como una muralla el Universo.

»¿Ves allá abajo aquel globo, uno de cuyos lados brilla con la luz reflejada que de aquí recibe? Pues aquella es la Tierra; allí habita el Hombre; esta luz es su día, y sin ella cubriría la noche todo el globo terrestre, como sucede en el hemisferio opuesto. Pero la proximidad de la Luna, que así se llama aquel hermoso planeta que está enfrente, le presta oportuno auxilio; describe su círculo mensual, y acabado, vuelve a recorrerlo incesantemente en medio del cielo, iluminándose su triforme faz con el resplandor que recibe y que a su vez comunica a la tierra, y con su pálida influencia ahuyenta la oscuridad de la noche. Ese punto adonde señalo, es el Paraíso, mansión de Adán, y la sombra que enmedio de él se dilata, su vivienda. No puedes equivocar el camino; a mí me incumben otros cuidados.»

Volvió el rostro al decir esto, y Satán se inclinó profundamente ante aquel espíritu superior, como es costumbre en el cielo, donde nadie rehúsa tributar el respeto y honor debidos; y despidiéndose de Uriel, se lanzó a la costa inferior de la tierra desde la Eclíptica. Cobrando entonces mayor agilidad con la esperanza de obtener un feliz éxito, desciende perpendicularmente, gira como una rueda, atravesando la región del Éter, y no se detiene hasta llegar a la cima del Nifates[77].

Se lanzó a la costa inferior de la tierra desde la Eclíptica...

LIBRO CUARTO


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