caminaba en raudal impetüoso,
parece detenerse en su carrera,
y sin calor, sin fuerza, empobrecida,
se desliza con paso perezoso
como si en mí la vida se extinguiera.
La luz no hiere con su lumbre pura
mis ojos apagados
donde ántes su fulgor resplandecía,
y á través de una niebla siempre oscura
miro la alegre claridad del dia.