por el dolor de haberlos ya perdido.

Y la razon, en tanto, aprisionada,

luchando con la fiebre abrasadora

de la ardiente ilusion, pugnaba en vano

por disipar la nube embriagadora,

cuya letal atmósfera aspiraba

mi pulmon impaciente,

y en él toda mi sangre envenenaba

adormeciendo al corazon valiente...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .