¿no habrá de quedar nada?—¡Nada!...—¿Nada...

La pobre flor en el pensil tronchada,

deja sus hojas y su aroma al viento;

la ola al besar la playa, su lamento

deja, y la linda concha nacarada.

Yo tambien dejar quiero mi memoria;

aunque agostado como débil lirio,

quiero esculpir mis huellas en la historia.

Quiero que un dia el mundo con delirio

orne mi tumba con laurel de gloria...