ardiente de la pasion,

aureola de la vida?

¡Entornas tus negros ojos,

que oscuro círculo abraza,

y contraes tus labios rojos,

llenos de penas y enojos,

de dolor y de amenaza!

—¡Que ese amor era el primero!

—¡Que no hay otro verdadero!

Triste error, yo te lo digo;