Segun lo que está dicho, bien se puede entender, que la Tórridazona tiene agua, y no es seca, lo cual es verdad en tanto grado, que en muchedumbre y dura de aguas hace ventaja á las otras regiones del mundo, salvo en algunas partes que hay arenales, ó tierras desiertas, y yermas, como tambien acaece en las otras partes del mundo. De las aguas del Cielo ya se ha mostrado, que tiene copia de lluvias, de nieves, de escarchas, que especialmente abundan en la Provincia del Perú. De las aguas de tierra, como son rios, fuentes, arroyos, pozos, charcos, lagunas, no se ha dicho hasta ahora nada; pero siendo ordinario responder las aguas de abajo á las de arriba, bien se deja tambien entender que las habrá. Hay, pues, tanta abundancia de aguas manantiales, que no se hallará que el universo tenga mas rios, ni mayores, ni mas pantanos y lagos. La mayor parte de la América, por esta demasía de aguas no se puede habítar, porque los rios con los aguaceros de verano salen bravamente de madre, y todo lo desbaratan; y el lodo de los pantanos y atolladeros por infinitas partes no consiente pasarse. Por eso los que habitan cerca del Paraguay, de que arriba hicimos mencion, en sintiendo la creciente del rio, antes que llegue de avenida, se meten en sus canoas, y allí ponen su casa y hogar, y por espacio cuasi de tres meses nadando guarecen sus personas y hatillo. En volviendo á su madre el rio, tambien ellos vuelven á sus moradas, que aun no están del todo enjutas. Es tal la grandeza de este rio, que si se juntan en uno el Nilo, y Ganges, y Eufrates no le llegan con mucho. ¿Pues qué diremos del rio grande de la Magdalena, quǝ entra en la mar entre Santa Marta y Cartagena, y que con razon le llaman el Rio grande? Cuando navegaba por allí, me admiró ver, que diez leguas la mar adentro hacía clarísima señal de sus corrientes, que sin duda toman de ancho dos leguas y mas, no pudiéndolas vencer allí las olas é inmensidad del mar Océano. Mas hablándose de rios, con razon pone silencio á todos los demás aquel gran rio, que unos llaman de las Amazonas, otros Marañón, otros el rio de Orellana, al cual hallaron y navegaron los nuestros Españoles; y cierto estoy en duda, si le llame rio, ó si mar. Corre este rio desde las sierras del Perú, de las cuales coge inmensidad de aguas, de lluvias y de rios, que va recogiendo en sí, y pasando los grandes campos y llanadas del Paytiti, y del Dorado, y de las Amazonas, sale en fin al Océano, y entra en él cuasi frontero de las Islas Margarita y Trinidad. Pero van tan estendidas sus riberas, especial en el postrer tercio, que hace en medio muchas y grandes Islas; y lo que parece increíble, yendo por medio del rio, no miran los que miran, sino Cielo y rio; aun cerros muy altos cercanos á sus riberas, dicen que se les encubren con la grandeza del rio. La anchura y grandeza tan maravillosa de este rio, que justamente se puede llamar Emperador de los rios, supímosla de buen original, que fué un hermano de nuestra Compañía, que siendo mozo le anduvo, y navegó todo, hallándose á todos los sucesos de aquella extraña entrada, que hizo de Pedro de Orsua, y á los motines y hechos tan peligrosos del perverso Diego de Aguirre, de todos los cuales trabajos y peligros le libró el Señor, para hacerle de nuestra Compañía. Tales, pues, son los rios que tiene, la que llaman Tórrida, seca y quemada region, á la cual Aristóteles, y todos los Antiguos tuvieron por pobre, y falta de aguas y pastos. Y porque he hecho mencion del rio Marañón, en razon de mostrar la abundancia de aguas que hay en la Tórrida, paréceme tocar algo de la gran laguna que llaman Titicaca, la cual cae en la Provincia del Collao, en medio de ella. Entran en este lago mas de diez rios muy caudalosos: tiene un solo desaguadero, y ese no muy grande, aunque á lo que dicen es hondísimo; en el cual no es posible hacer puente, por la hondura y anchura del agua; ni se pasa en bareas, por la furia de la corriente, segun dicen. Pásase con notable artificio, propio de Indios, por una puente de paja, echada sobre la misma agua, que por ser materia tan liviana no se hunde, y es pasage muy seguro y muy facil. Rodea la dicha laguna cuasi ochenta leguas; el lago será cuasi de treinta y cinco; el ancho mayor será de quince leguas; tiene Islas, que antiguamente se habitaron y labraron, ahora están desiertas. Cria gran copia de un género de junco, que llaman los Indios Tótora, de la cual se sirven para mil cosas, porque es comida para puercos, y para caballos, y para los mismos hombres; y de ella hacen casa, y fuego, y barco, y cuanto es menester: tanto hallan los Uros en su Tótora. Son estos Uros tan brutales, que ellos mismos no se tienen por hombres. Cuéntase de ellos, que preguntados qué gente eran, respondieron, que ellos no eran hombres, sino Uros, como si fuera otro género de animales. Halláronse pueblos enteros de Uros, que moraban en la laguna en sus balsas de Tótora, trabadas entre sí, y atadas á algun peñasco, y acaecíales levarse de allí, y mudarse todo un pueblo á otro sitio; y así buscando hoy adonde estaban ayer, no hallarse rastro de ellos, ni de su pueblo. De esta laguna, habiendo corrido el desaguadero como cincuenta leguas, se hace otra laguna menor, que llaman de Paria, y tiene ésta tambien sus Isletas, y no se le sabe desaguadero. Piensan muchos que corre por debajo de tierra, y que va á dar en el mar del Sur, y traen por consecuencia un brazo de rio, que se ve entrar en la mar de muy cerca, sin saber su origen. Yo antes creo que las aguas de esta laguna se resuelven en la misma con el Sol. Baste esta digresion, para que conste cuan sin razon condenaron los Antiguos á la region media por falta de aguas, siendo verdad, que así del Cielo como del suelo tiene copiosísimas aguas.

CAPÍTULO VII

Trátase la razon, porqué el Sol fuera de los Trópicos, cuando mas dista, levanta aguas, y dentro de ellos al revés, cuando está mas cerca,

Pensando muchas veces con atencion, de qué causa proceda ser la equinoccial tan húmeda, como he dicho, deshaciendo el engaño de los Antiguos, no se me ha ofrecido otra, sino es que la gran fuerza que el Sol tiene en ella, atrae, y levanta grandísima copia de vapores de todo el Océano, que está allí tan estendido, y juntamente con levantar mucha copia de vapores, con grandísima presteza los deshace, y vuelve en lluvias. Que provengan las lluvias y aguaceros del bravísimo ardor, pruébase por muchas y manifiestas experiencias. La primera es la que ya he dicho que el llover en ella es al tiempo que los rayos hieren mas derechos, y por eso mas recios: y cuando el Sol ya se aparta, y se va templando el calor, no caen lluvias ni aguaceros. Segun esto, bien se infiere, que la fuerza poderosa del Sol es la que allí causa las lluvias. Item, se ha observado, y es así en el Perú, y en la Nueva-España, que por toda la region Tórrida los aguaceros y lluvias vienen de ordinario despues de mediodia, cuando ya los rayos del Sol han tomado toda su fuerza: por las mañanas por maravilla llueve; por lo cual los caminantes tienen aviso de salir temprano, y procurar para mediodia tener hecha su jornada, porque lo tienen por tiempo seguro de mojarse: esto saben bien los que han caminado en aquestas tierras. Tambien dicen algunos prácticos, que el mayor golpe de lluvias es cuando la Luna está mas llena. Aunque, por decir verdad, yo no he podido hacer juicio bastante de esto, aunque lo he experimentado algunas veces. Así que el año, el dia y el mes todo da á entender la verdad dicha, que el exceso de calor en la Tórrida causa las lluvias. La misma experiencia enseña lo propio en cosas artificiales, como las alquitaras y alambiques que sacan agua de yerbas ó flores, porque la vehemencia del fuego encerrado levanta arriba copia de vapores, y luego apretándolos, por no hallar salida, los vuelve en agua y licor. La misma Filosofia pasa en la plata y oro, que se saca por azogue, porque si es el fuego poco y flojo, no se saca cuasi nada del azogue; si es fuerte, evapora mucho el azogue, y topando arriba con lo que llaman sombrero, luego se vuelve en licor, y gotea abajo. Así que la fuerza grande del calor, cuando halla materia aparejada, hace ambos efectos, uno de levantar vapores arriba, otro de derretirlos luego, y volverlos en licor, cuando hay estorbo para consumirlos y gastarlos. Y aunque parezcan cosas contrarias, que el mismo Sol cause las lluvias en la Tórrida, por estar muy cercano, y el mismo Sol las cause fuera de ella, por estar apartado, y aunque parece repugnante lo uno á lo otro, pero bien mirado no lo es en realidad de verdad. Mil efectos naturales proceden de causas contrarias por el modo diverso. Ponemos á secar la ropa mojada al fuego, que calienta, y tambien al aire, que enfría. Los adobes se secan, y cuajan, con el Sol, y con el hielo. El sueño se provoca con ejercicio moderado; si es demasiado, y si es muy poco ó ninguno, quita el sueño. El fuego, si no le echan leña, se apaga; si le echan demasiada leña tambien se apaga; si es proporcionada, susténtase y crece. Para ver, ni ha de estar la cosa muy cerca de los ojos, ni muy lejos: en buena distancia se ve: en demasiada se pierde, y muy cercana tampoco se ve. Si los rayos del Sol son muy flacos, no levantan nieblas de los rios; si son muy recios, tan presto como levantan vapores, los deshacen; y así el moderado calor los levanta y los conserva. Por eso comunmente ni se levantan nieblas de noche, ni al medio dia sino á la mañana, cuando va entrando mas el Sol. A este tono hay otros mil ejemplos de cosas naturales, que se ven proceder muchas veces de causas contrarias. Por donde no debemos maravillarnos, que el Sol con su mucha vecindad levante lluvias, y con su mucho apartamiento tambien las mueva; y que siendo su presencia moderada, ni muy lejos, ni muy cerca no las consienta. Pero queda todavía gana de inquirir, porqué razon dentro de la Tórrida causa lluvias la mucha vecindad del Sol, y fuera de la Tórrida las causa su mucho apartamiento. A cuanto yo alcanzo, la razon es, porque fuera de los Trópicos en el invierno no tiene tanta fuerza el calor del Sol, que baste á consumir los vapores, que se levantan de la tierra y mar; y así estos vapores se juntan en la region fria de el aire en gran copia, y con el mismo frío se aprietan y espesan; y con esto, como exprimidos ó apretados, se vuelven en agua. Porque aquel tiempo de invierno el Sol está lejos, y los días son cortos, y las noches largas, lo cual todo hace para que el calor tenga poca fuerza. Mas cuando se va llegando el Sol á los que están fuera de los Trópicos, que es en tiempo de verano, es ya la fuerza del Sol tal, que juntamente levanta vapores, y consume, y gasta, y resuelve los mismos vapores que levanta. Para la fuerza del calor ayuda ser el Sol mas cercano, y los dias mas largos. Mas dentro de los Trópicos en la region Tórrida, el apartamiento del Sol es igual á la mayor presencia de esotras regiones fuera de ellos, y así por la misma razon no llueve cuando el Sol está mas remoto en la Tórrida, como no llueve cuando está mas cercano á las regiones de fuera de ella, porque está en igual distancia, y así causa el mismo efecto de serenidad. Mas cuando en la Tórrida llega el Sol á la suma fuerza, y hiere derecho las cabezas, no hay serenidad ni sequedad, como parecía que habia de haber, sino grandes y repentinas lluvias. Porque con la fuerza excesiva de su calor atrae y levanta cuasi súbito grandísima copia de vapores de la tierra y mar Océano; y siendo tanta la copia de vapores, no los disipando, ni derramando el viento, con facilidad se derriten, y causan lluvias mal sazonadas. Porque la vehemencia excesiva del calor puede levantar de presto tantos vapores, y no puede tan de presto consumirlos y resolverlos; y así levantados, y amontonados con su muchedumbre se derriten, y vuelven en agua. Lo cual todo se entiende muy bien con un ejemplo manual. Cuando se pone á asar un pedazo de puerco, ó de carnero, ó de ternera, si es mucho el fuego, y está muy cerca, vemos que se derrite la grosura, y corre, y gotea en el suelo, y es la causa, que la gran fuerza del fuego atrae, y levanta aquel humor y bahos de la carne; y porque es mucha copia no puede resolverla, y así destila y cae mas. Cuando el fuego es moderado, y lo que se asa está en proporcionada distancia, vemos que se asa la carne, y no corre, ni destila, porque el calor va con moderacion sacando la humedad, y con la misma la va consumiendo y resolviendo. Por eso los que usan arte de cocina, mandan que el fuego sea moderado, y lo que se asa no esté muy lejos, ni demasiado de cerca, porque no se derrita, Otro ejemplo es en las candelas de cera, ó de sebo, que si es mucho el pávilo derrite el sebo, ó la cera, porque no puede gastar lo que levanta de humor. Mas si es la llama proporcionada, no se derrite, ni cae la cera; porque la llama va gastando lo que va levantando. Esta, pues (á mi parecer), es la causa, porqué en la equinoccial y Tórrida la mucha fuerza del calor cause las lluvias que en otras regiones suele causar la flaqueza del calor.

CAPÍTULO VIII

En qué manera se haya de entender lo que se dice de la Tórridazona.

Siendo así que en las causas naturales y Físicas no se ha de pedir regla infalible y Matemática, sino que lo ordinario y muy comun eso es lo que hace regla, conviene entender, que en ese propio estilo se ha de tomar lo que vamos diciendo, que en la Tórrida hay mas humedad que en esotras regiones, y que en ella llueve cuando el Sol anda mas cercano. Pues esto es así segun lo mas comun y ordinario; y no por eso negamos las excepciones que la naturaleza quiso dar á la regla dicha, haciendo algunas partes de la Tórrida sumamente secas, como de la Etiopia refieren, y de gran parte del Perú lo hemos visto, donde toda la costa y tierra que llaman llanos, carece de lluvias, y aun de aguas de pie, excepto algunos valles que gozan de las aguas que traen los rios que bajan de las sierras. Todo lo demás son arenales y tierra estéril, donde apenas se hallarán fuentes, y pozos; s algunos hay, son hondísimos. Qué sea la causa, que en estos llanos nunca llueve (que es cosa que muchos preguntan), decirse há en su lugar queriendo Dios, solo se pretende ahora mostrar, que de las reglas naturales hay diversas excepciones. Y así, por ventura, en alguna parte de la Tórrida acaecerá, que no llueva estando el Sol mas cercano, sino mas distante, aunque hasta ahora yo no lo he visto, ni sabido, mas si la hay, habráse de atribuir á especial cualidad de la tierra, siendo cosa perpétua: mas si unas veces es así, y otras de otra manera, háse de entender, que en las cosas naturales suceden diversos impedimentos, con que unas á otras se embarazan. Pongamos ejemplo: podrá ser que el Sol cause lluvias, y el viento las estorbe, ó que las haga mas copiosas de lo que suelen. Tienen los vientos sus propiedades y diversos principios, con que obran diferentes efectos, y muchas veces contrarios á lo que la razon y curso de tiempo piden. Y pues en todas partes suceden grandes variedades al año, por la diversidad de aspectos de los planetas, y diferencias de posturas, no será mucho que tambien acaezca algo de eso en la Tórrida, diferente de lo que hemos platicado de ella. Mas en efecto, lo que hemos concluido es verdad cierta y experimentada, que en la region de en medio, que llamamos Tórrida, no hay la sequedad que pensaron los viejos, sino mucha humedad, y que las lluvias en ella son cuando el Sol anda mas cerca.

CAPÍTULO IX

Que la Tórrida no es en exceso caliente, sino moderadamente caliente.

Hasta aquí se ha dicho de la humedad de la Tórridazona, ahora es bien decir de las otras dos cualidades, que son calor y frio. Al principio de este tratado digimos, cómo los Antiguos entendieron que la Tórrida era seca y caliente, y lo uno y lo otro en mucho exceso; pero la verdad es, que no es así, sino que es húmeda y cálida, y su calor, por la mayor parte, no es excesivo, sino templado; cosa que se tuviera por increíble, si no la hubiéramos experimentado. Diré lo que me pasó á mí cuando fuí á las Indias: como habia leido lo que los Filósofos y Poétas encarecen de la Tórridazona, estaba persuadido, que cuando llegase á la equinoccial no habia de poder sufrir el calor terrible; fué tan al revés, que al mismo tiempo que la pasé sentí tal frio, que algunas veces me salia al Sol, por abrigarme, y era en tiempo que andaba el Sol sobre las cabezas derechamente, que es en el signo de Aries por Marzo. Aqui yo confieso que me reí, é hice donaire de los Meteoros de Aristóteles, y de su Filosofia, viendo que en el lugar y en el tiempo que, conforme á sus reglas, habia de arder todo, y ser un fuego, yo y todos mis compañeros teniamos frio. Porque en efecto es así, que no hay en el mundo region mas templada, ni mas apacible, que debajo de la equinoccial. Pero hay en ella gran diversidad, y no es en todas partes de un tenor: en partes es la Tórridazona muy templada, como en Quito, y los llanos del Perú: en partes es muy fria, como en Potosí; y en partes es muy caliente, como en Etiopia, y en el Brasíl, y en los Malucos. Y siendo esta diversidad cierta y notoria, forzoso hemos de inquirir otra causa de frio y calor, sin los rayos del Sol, pues acaece en un mismo tiempo del año, lugares que tienen la misma altura y distancia de polos y equinoccial, sentir tanta diversidad, que unos se abrasan de calor, y otros no se pueden valer de frío; otros se hallan templados con un moderado calor. Platón[114] ponía su tan celebrada Isla Atlántida en parte de la Tórrida, pues dice, qne en cierto tiempo del año tenía al Sol encima de sí; con todo eso dice de ella que era templada, abundante y rica. Plinio[115] pone á la Taprobana ó Sumatra, que ahora llaman, debajo de la equinoccial, como en efecto lo está, la cual no solo dice, que es rica y próspera, sino tambien muy poblada de gente y de animales. De lo cual se puede entender, que aunque los Antiguos tuvieron por intolerable el calor de la Tórrida, pero pudieron advertir, que no era tan inhabitable, como la hacían. El excelentísimo Astrólogo y Cosmógrafo Ptoloméo, y el insigne Filósofo y Médico Avicena atinaron harto mejor, pues ambos sintieron, que debajo de la equinoccial habia muy apacible habitacion.