NOTAS:

[118] Virg., [4], Georg.

CAPÍTULO XIV

Que en la region de la equinoccial se vive vida muy apacible.

Si guiaran su opinion por aqui los que dicen, que el Paraíso terrenal está debajo de la equinoccial[119], aún parece que llevaran algun camino. No porque me determine yo á que está allí el Paraíso de deleites que dice la Escritura, pues sería temeridad afirmar eso por cosa cierta. Mas dígolo, porque si algun Paraíso se puede decir en la tierra, es donde se goza un temple tan suave y apacible. Porque para la vida humana no hay cosa de igual pesadumbre y pena, como tener un Cielo y aire contrario, y pesado, y enfermo; ni hay cosa mas gustosa y apacible, que gozar de el Cielo y aire suave, sano, y alegre. Está claro, que de los elementos ninguno participamos mas á menudo, ni mas en lo interior de el cuerpo, que el aire. Este rodea nuestros cuerpos: éste nos entra en las mismas entrañas, y cada momento visita el corazon, y así le imprime sus propiedades. Si es aire corrupto, en tantico mata: si es saludable, repara las fuerzas; finalmente, solo el aire podemos decir que es toda la vida de los hombres. Así que aunque haya mas riquezas y bienes, si el Cielo es desabrido y mal sano, por fuerza se ha de vivir vida penosa y disgustada. Mas si el aire y Cielo es saludable, y alegre y apacible, aunque no haya otra riqueza, da contento y placer. Mirando la gran templanza, y agradable temple de muchas tierras de Indias, donde ni se sabe qué es invierno, que apriete con frios, ni estío que congoje con calores: donde con una estera se reparan de cualesquier injurias del tiempo: donde apenas hay que mudar vestido en todo el año, digo cierto, que considerando esto, me ha parecido muchas veces, y me lo parece hoy dia, que si acabasen los hombres consigo de desenlazarse de los lazos que la codicia les arma, y si se desengañasen de pretensiones inútiles y pesadas, sin duda podrian vivir en Indias vida muy descansada y agradable. Porque lo que los otros Poétas cantan de los campos Eliseos, y de la famosa Tempe, y lo que Platón, ó cuenta, ó finge de aquella su Isla Atlántida, cierto lo hallarían los hombres en tales tierras, si con generoso corazon quisiesen antes ser señores, que no esclavos de su dinero y codicia. De las cualidades de la equinoccial, y del calor, y frio, sequedad, y lluvias, y de las causas de su templanza, bastará lo que hasta aquí se ha disputado. El tratar mas en particular de las diversidades de vientos, y aguas, y tierras: item, de los metales, plantas, y animales que de ahí proceden, de que en Indias hay grandes y maravillosas pruebas, quedará para otros libros. A este, aunque breve, la dificultad de lo que se ha tratado, le hará por ventura parecer prolijo.

FIN DEL SEGUNDO LIBRO

NOTAS:

[119] Vives lib. 13. de Civitate cap. 21.

NOTA DEL AUTOR

Adviértese al Lector, que los dos libros precedentes se escribieron en latin, estando yo en el Perú; y así hablan de las cosas de Indias, como de cosas presentes. Despues habiendo venido á España me pareció traducirlos en vulgar, y no quise mudar el modo de hablar que tenian. Pero en los cinco libros siguientes, porque los hice en Europa, fué forzoso mudar el modo de hablar; y así trato en ellos las cosas de Indias, como de tierras y cosas ausentes. Porque esta variedad de hablar pudiera con razon ofender al Lector, me pareció advertirlo aquí de nuevo.