Heu primus quis fuit ille,
Auri qui pondera tecti,
Gemmasque latere volentes,
Pretiosa pericula fodit.

Peligros preciosos los llama con razon, porque es grande el trabajo y peligro con que se sacan estos metal que tanto aprecian los hombres. Plinio dice[160], que en Italia hay muchos metales; pero que los Antiguos no consintieron beneficiarse por conservar la gente. De España los traían, y como á tributarios hacian á los Españoles labrar minas. Lo propio hace ahora España con Indias, que habiendo todavia en España sin duda mucha riqueza de metales, no se dan á buscarlos, ni aun se consiente labrar, por los inconvenientes que se ven; y de Indias traen tanta riqueza, donde el buscarla y sacarla no cuesta poco trabajo, ni aun es de poco riesgo. Tiene el cerro de Potosí cuatro vetas principales, como está dicho, que son la Rica, la de Centeno, la del Estaño, la de Mendieta. Todas estas vetas están á la parte oriental del cerro, como mirando al nacimiento del Sol: á la occidental no se halla ninguna. Corren las dichas vetas norte sur, que es de polo á polo. Tienen de ancho por donde mas, seis pies; por donde menos, un palmo. Otras diversas hay, que salen de estas, como de ramos grandes: los mas pequeños suelen producirse en el árbol. Cada veta tiene diversas minas, que son partes de ella misma, y han tomado posesion, y repartídose entre diversos dueños, cuyos nombres tienen de ordinario. La mina mayor tiene ochenta varas, y no puede tener mas por ley ninguna: la menor tiene cuatro. Todas estas minas hoy dia llegan á mucha profundidad. En la veta Rica se cuentan setenta y ocho minas: llegan á ciento y ochenta estados en algunas partes, y aun á doscientos de hondura. En la veta de Centeno se cuentan veinte y cuatro minas. Llegan algunas á sesenta, y aun ochenta estados de hondura, y así á este modo es de las otras vetas y minas de aquel cerro. Para remedio de esta tan gran profundidad de minas se inventaron los socavones, que llaman, que son unas cuevas que van hechas por bajo desde un lado de el cerro, atravesándole hasta llegar á las vetas. Porque se ha de saber, que las vetas, aunque corren norte sur, como está dicho; pero esto es bajando desde la cumbre hasta la falda y asiento del cerro, segun se cree que serán segun congetura de algunos, mas de mil y doscientos estados. Y á esta cuenta, aunque las minas van tan hondas, les falta otro seis tanto hasta su raíz y fondo, que segun quieren decir, ha de ser riquísimo, como tronco y manantial de todas las vetas. Aunque hasta ahora antes se ha mostrado lo contrario por la experiencia, que mientras mas alta ha estado la veta, ha sido mas rica, y como va bajando en hondo, va siendo su metal mas pobre; pero en fin, para labrar las minas con menos costa, y trabajo y riesgo, inventaron los socavones, por los cuales se entra y sale á paso llano. Tienen de ancho ocho pies, y de alto mas de un estado. Ciérranse con sus puertas, sácanse por ellos los metales con mucha facilidad, y págase al dueño de el socavon el quinto de todo el metal que por él se saca. Hay hechos ya nueve socavones, y otros se están haciendo. Un socavon, que llaman del Venino, que va á la veta Rica, se labró en veinte y nueve años, comenzándose el año de mil quinientos cincuenta y seis, que fueron once despues de descubrirse aquellas minas, y acabándose el año de ochenta y cinco en once de Abril. Este socavon alcanzó á la veta Rica en treinta y cinco estados de hueco hasta su fondo, y hay desde donde se juntó con la veta hasta lo alto de la mina otros ciento treinta y cinco estados, que por todo este profundo bajaban á labrar aquellas minas. Tiene todo el socavon, desde la boca hasta la veta, que llaman el Crucero, doscientas y cincuenta varas, las cuales tardaron en labrarse los veinte y nueve años que está dicho, para que se vea lo que trabajan los hombres por ir á buscar la plata á las entrañas del profundo. Con todo eso, trabajan allá dentro, donde es perpétua obscuridad, sin saber poco ni mucho cuando es dia, ni cuando es noche. Y como son lugares que nunca los visita el Sol, no solo hay perpétuas tinieblas mas tambien mucho frio, y un aire muy grueso, y ageno de la naturaleza humana; y así sucede marearse los que allá entran de nuevo, como á mí me acaeció, sintiendo bascas y congojas de estómago. Trabajan con velas siempre los que labran, repartiendo el trabajo, de suerte que unos labran de dia, y descansan de noche, y otros al revés. El metal es duro comunmente, y sácanlo á golpes de barreta quebrantándole, que es quebrar un pedernal. Despues lo suben á cuestas por unas escaleras hechas de tres ramales de cuero de vaca retorcido, como gruesas maromas, y de un ramal á otro puestos palos como escalones, de manera que puede subir un hombre, y bajar otro juntamente. Tienen estas escalas de largo diez estados, y al fin de ellas está otra escala del mismo largo, que comienza de un relej, ó poyo, donde hay hechos de madera unos descansos á manera de andamios, porque son muchas las escalas que se suben. Saca un hombre carga de dos arrobas atada la manta á los pechos, y el metal que va en ellas á la espalda: suben de tres en tres. El delantero lleva una vela atada al dedo pulgar para que vean, porque como está dicho, ninguna luz hay del Cielo, y vánse asiendo con ambas manos; y así suben tan grande espacio, que como ya dije, pasa muchas veces de ciento y cincuenta estados; cosa horrible, y que solo pensarla pone espanto: tanto es el amor del dinero, por cuya recuesta se hace y padece ta. No sin razon exclama Plinio tratando de esto[161]: Entramos hasta las entrañas de la tierra, y hasta allá en el lugar de los condenados busca las riquezas. Y despues en el mismo libro[162]: Obras son mas que de Gigantes las que hacen los que sacan los metales, haciendo agujeros y callejones en lo profundo, por tan grande trecho barrenando los montes á luz de candelas, donde todo el espacio de noche y dia es igual, y en muchos meses no se ve el dia, donde acaece caerse las paredes de la mina súbitamente, y matar de golpe á los Mineros. Y poco despues añade: Hieren la dura peña con almadanas que tienen ciento y cincuenta libras de hierro: sacan los metales á cuestas trabajando de noche y de dia, y unos entregan la carga á otros, y todo á obscuras, pues solos los últimos ven la luz. Con cuños de hierro, y con almadanas rompen las peñas y pedernales, por recios y duros que sean; porque en fin es mas recia y mas dura la hambre del dinero. Esto es de Plinio, que aunque habla como Historiador de entonces, mas parece Profeta de ahora. Y no es menos lo que Focio de Agatárchides refiere, del trabajo inmenso que pasaban los que llamaban Crisios en sacar y beneficiar el oro, porque siempre, como el sobre dicho Autor dice, el oro y plata causan tanto trabajo al haberse, cuanto dan de contento al tenerse.

NOTAS:

[159] Boetius de Consolat.

[160] Plin. lib. 33. c. 4.

[161] Plin. in proem. lib. 33.

[162] Cap. 4.

CAPÍTULO IX

Cómo se beneficia el metal de Plata.

La veta en que hemos dicho que se halla la plata, va de ordinario entre dos peñas que llaman la caja, y la una de ellas suele ser durísima como pedernal; la otra blanda, y mas facil de romper: el metal va en medio, no todo igual, ni de un valor, porque hay en esto mismo uno muy rico que llaman cacilla, ó tacana, de donde se saca mucha plata: hay otro pobre, de donde se saca poca. El metal rico de este cerro es de color de ambar, y otro toca en mas negro: hay otro que es de color como rojo: otro como ceniciento, y en efecto tiene diversos colores, y á quien no sabe lo que es, todo ello parece piedra de por ahí; mas los Mineros en las pintas, y vetillas, y en ciertas señales conocen luego su fineza. Todo este metal que sacan de las minas se trae en carneros del Perú, que sirven de jumentos, y se lleva á las moliendas. El que es metal rico se beneficia por fundicion en aquellos hornillos que llaman Guayras: éste es el metal que es mas plomoso, y el plomo le hace derretir; y aun para mejor derretirlo, echan los Indios el que llaman Soroche, que es un metal muy plomizo. Con el fuego la escoria corre abajo, el plomo y la plata se derriten, y la plata anda nadando sobre el plomo hasta que se apura: vuelven despues á refinar mas y mas la plata. Suelen salir de un quintal de metal treinta, cuarenta, y cincuenta pesos de plata por fundicion. A mí me dieron para muestra metales de que salian por fundicion mas de doscientos pesos, y de doscientos y cincuenta por quintal: riqueza rara y cuasi increíble, si no lo testificara el fuego con manifiesta experiencia; pero semejantes metales son muy raros. El metal pobre es el que de un quintal da dos, ó tres pesos, ó cinco, ó seis, ó no mucho mas: éste ordinariamente no es plomizo, sino seco; y así por fuego no se puede beneficiar. A cuya causa gran tiempo estuvo en Potosí inmensa suma de estos metales pobres, que eran desechos, y como granzas de los buenos metales, hasta que se introdujo el beneficio de los azogues, con los cuales aquellos desechos, ó desmontes que llamaban, fueron de inmensa riqueza, porque el azogue con extraña y maravillosa propiedad apura la plata, y sirve para estos metales secos y pobres, y se gasta y consume menos azogue en ellos, lo cual no es en los ricos, que cuanto mas lo son, tanto mas azogue consumen de ordinario. Hoy dia el mayor beneficio de plata, y cuasi toda el abundancia de ella en Potosí es por el azogue, como tambien en las minas de los Cacatecas, y otras de la Nueva-España. Habia antiguamente en las laderas de Potosí, y por las cumbres y collados mas de seis mil Guayras, que son aquellos hornillos donde se derrite el metal, puestos al modo de luminarias, que verlos arder de noche, y dar lumbre tan lejos, y estar en sí hechos una ascua roja de fuego, era espectáculo agradable. Ahora si llegan á mil ó dos mil Guayras, será mucho, porque como he dicho, la fundicion es poca, y el beneficio del azogue es toda la riqueza. Y porque las propiedades del azogue son admirables, y el modo de beneficiar con él la plata muy notable, trataré de el azogue, y de sus minas y labor, lo que pareciere conveniente al propósito.