Para concluir con esta materia de plata y metales restan dos cosas por decir: una es de los ingenios y moliendas: otra de los ensayes. Ya se dijo que el metal se muele para recibir el azogue. Esta molienda se hace con diversos ingenios: unos que traen caballos, como atahonas; y otros que se mueven con el golpe del agua, como aceñas ó molinos; y de los unos y los otros hay gran cantidad. Y porque el agua, que comunmente es la que llueve, no la hay bastante en Potosí, sino en tres ó cuatro meses, que son Diciembre, Enero y Febrero, han hecho unas lagunas que tienen de contorno como á mil y setecientas varas, y de de hondo tres estados, y son siete, con sus compuertas; y cuando es menester usar de alguna, la alzan, y sale un cuerpo de agua, y las fiestas las cierran. Cuando se hinchen las lagunas, y el año es copioso de aguas, dura la molienda seis ó siete meses, de modo que tambien para la plata piden los hombres ya buen año de aguas en Potosí, como en otras partes para el pan. Otros ingenios hay en Tarapaya, que es un valle tres ó cuatro leguas de Potosí, donde corre un rio; y en otras partes hay otros ingenios. Hay esta diversidad, que unos ingenios tienen á seis mazos, otros á doce y catorce. Muélese el metal en unos morteros, donde dia y noche lo están echando, y de allí llevan lo que está molido á cerner. Están en la ribera del arroyo de Potosí cuarenta y ocho ingenios de agua, de á ocho, diez y doce mazos: otros cuatro ingenios están en otro lado, que llaman Tanacoñuño. En el valle de Tarapaya hay veinte y dos ingenios; todos estos son de agua: fuera de los cuales hay en Potosí otros treinta ingenios de caballos, y fuera de Potosí otros algunos: tanta ha sido la diligencia é industria de sacar plata. La cual finalmente se ensaya y prueba por los Ensayadores y Maestros que tiene el Rey puestos, para dar su ley á cada pieza. Llévanse las barras de plata al Ensayador, el cual pone á cada una su número, porque el ensaye se hace de muchas juntas. Saca de cada una un bocado, y pésale fielmente: échale en una copella, que es un vasito hecho de ceniza de huesos molidos y quemados. Pone estos vasitos por su órden en el horno ú hornaza: dales fuego fortísimo: derrítese el metal todo, y lo que es plomo se va en humo, el cobre ó estaño se deshace, queda la plata finísima hecha de color de fuego. Es cosa maravillosa, que cuando está así refinada, aunque esté líquida y derretida, no se vierte volviendo la copella, ó vaso donde está hácia abajo, sino que se queda fija sin caer gota. En la color y en otras señales conoce el Ensayador cuando está afinada: saca del horno las copellas: vuelve á pesar delicadísimamente cada pedacito: mira lo que ha mermado y faltado de su peso, porque la que es de ley subida merma poco, y la que es de ley baja, mucho. Y así conforme á lo que ha mermado, ve la ley que tiene, y esa asienta, y señala en cada barra puntualmente. Es el peso tan delicado, y las pesicas, ó granos tan menudos, que no se pueden asir con los dedos, sino con unas pinzas; y el peso se hace á luz de candela, porque no dé aire que haga menear las balanzas, porque de aquel poquito depende el precio y valor de toda una barra. Cierto es cosa delicada, y que requiere gran destreza, de la cual tambien se aprovecha la divina Escritura en diversas partes[169], para declarar de qué modo prueba Dios á los suyos, y para notar las diferencias de méritos y valor de las almas, y especialmente donde á Jeremías Profeta le da Dios título de Ensayador[170], para que conozca, y declare el valor espiritual de los hombres, y sus obras, que es negocio propio del Espíritu de Dios, que es el que pesa los espíritus de los hombres[171]. Y con esto nos podemos contentar cuanto á materia de plata, metales y minas, y pasar adelante á los otros dos propuestos de plantas y animales.

NOTAS:

[169] Psalm 65. v. 10. Prov. 17. v. 3. 27. v. 21.

[170] Hierem. 6. v. 37.

[171] Prov. 16. v. 2.

CAPÍTULO XIV

De las esmeraldas.

Aunque será bien primero decir algo de las esmeraldas, que así por ser cosa preciada como el oro y plata de que se ha dicho, como por ser su nacimiento tambien en minas de metales, segun Plinio[172], no viene fuera de propósito tratar aquí de ellas. Antiguamente fué la esmeralda estimada en mucho; y como el dicho Autor escribe, tenia el tercer lugar entre las joyas despues del diamante y de la margarita. Hoy dia, ni la esmeralda se tiene en tanto, ni la margarita, por la abundancia que las Indias han dado de ambas cosas: solo el diamante se queda con su reinado, que no se lo quitará nadie: tras él los rubíes finos, y otras piedras se precian en mas que las esmeraldas. Son amigos los hombres de singularidad, y lo que ven ya comun no lo precian. De un Español cuentan, que en Italia al principio que se hallaron en Indias, mostró una esmeralda á un Lapidario, y preguntó el precio: vista por el otro, que era de excelente cualidad y tamaño, respondió, que cien escudos; mostróle otra mayor, dijo que trescientos. Engolosinado del negocio, llevóle á su casa, y mostróle un cajón lleno de ellas: en viendo tantas dijo el Italiano: Señor, éstas valen á escudo. Así ha pasado en Indias y España, que el haber hallado tanta riqueza de estas piedras les ha quitado el valor. Plinio dice excelencias de ellas[173], y que no hay cosa mas agradable, ni mas saludable á la vista, y tiene razon; pero importa poco su autoridad mientras hubiere tantas. La otra Lolia Romana, de quien cuenta[174], que en un tocado y vestido labrado de perlas y esmeraldas echó cuatrocientos mil ducados de valor, pudiera hoy dia con menos de cuarenta mil hacer dos pares como aquél. En diversas partes de Indias se han hallado. Los Reyes Mejicanos las preciaban, y aun usaban algunos horadar las narices, y poner allí una excelente esmeralda. En los rostros de sus Idolos tambien las ponian. Mas donde se ha hallado, y hoy en dia se halla mas abundancia, es en el nuevo Reino de Granada, y en el Perú cerca de Manta y Puerto-viejo. Hay por allí dentro una tierra que llaman de las Esmeraldas, por la noticia que hay de haber muchas, aunque no ha sido hasta ahora conquistada aquella tierra. Las esmeraldas nacen en piedras á modo de cristales, y yo las he visto en la misma piedra, que van haciendo como veta, y segun parece, poco á poco se van cuajando y afinando: porque ví unas medio blancas, medio verdes: otras cuasi blancas: otras ya verdes y perfectas del todo. Algunas he visto del grandor de una nuez, y aun mayores. Pero no sé que en nuestros tiempos se hayan descubierto del tamaño del catino ó joya que tienen en Génova, que con razon la precian en tanto por joya, y no por reliquia, pues no consta que lo sea, antes lo contrario. Pero sin comparacion excede lo que Teofrasto refiere de la esmeralda que presentó el Rey de Babilonia al Rey de Egipto, que tenia de largo cuatro codos, y tres de ancho, y que en el templo de Júpiter una aguja hecha de cuatro piedras de esmeraldas, que tenia de largo cuarenta codos, y de ancho en partes cuatro, y en partes dos; y que en su tiempo en Tiro habia en el templo de Hércules un pilar de esmeralda. Por ventura era, como dice Plinio[175], de piedra verde que tira á esmeralda, y la llaman esmeralda falsa. Como algunos quieren decir, que ciertos pilares que hay en la Iglesia Catedral de Córdoba, desde el tiempo que fué mezquita de los Reyes Miramamolines Moros, que reinaron en Córdoba, que son de piedra de esmeralda. En la flota del año de ochenta y siete, en que yo vine de Indias, trajeron dos cajones de esmeraldas, que tenia cada uno de ellos por lo menos cuatro arrobas, por donde se puede ver la abundancia que hay. Celebra la divina Escritura[176] las esmeraldas como joya muy preciada, y pónelas así entre las piedras preciosas que traía en el pecho el Sumo Pontífice, como en las que adornan los muros de la celestial Jerusalén.

NOTAS:

[172] Plin. lib. 37. cap. 5.