Fuera de los géneros de animales que se han dicho de monte, que son comunes á Indias y á Europa, hay otros que se hallan allá, y no sé que los haya por acá, sino por ventura traídos de aquellas partes. Saynos llaman unos como porquezuelos, que tienen la extrañeza de tener el ombligo sobre el espinazo: éstos andan por los montes á manadas: son crueles, y no temen, antes acometen, y tienen unos colmillos como navajas, con que dan muy buenas heridas y navajadas, si no se ponen á recaudo los que los cazan. Súbense los que quieren cazarlos á su seguro en árboles, y los saynos ó puercos de manada acuden á morder el árbol, cuando no pueden al hombre; y de lo alto, con una lancilla hieren y matan los que quieren. Son de muy buena comida; pero es menester quitarles luego aquel redondo que tienen en el ombligo del espinazo, porque de otra suerte dentro de un dia se corrompen. Otra casta de animalejos hay que parecen lechones, que llaman guadatinajas. Puercos de la misma especie de los de Europa, yo dudo si los habia en Indias antes de ir Españoles, porque en la relacion del descubrimiento de las Islas de Salomón se dice que hallaron gallinas y puercos de España. Lo que es cierto es haber multiplicado cuasi en todas partes de Indias este ganado en grande abundancia. En muchas partes se come carne fresca de ellos, y la tienen por tan sana y buena como si fuera carnero, como en Cartagena. En partes se han hecho montaraces y crueles; y se va á caza de ellos, como de jabalíes, como en la Española y otras Islas, donde se ha alzado al monte este ganado. En partes se ceban con grano de maíz, y engordan excesivamente, para que den manteca, que se usa á falta de aceite. En partes se hacen muy eseogidos perniles, como en Toluca de la Nueva-España y en Paria del Perú. Volviendo á los animales de allá, como los saynos son semejantes á puercos, aunque mas pequeños, así lo son á las vaquillas pequeñas las dantas, aunque en el carecer de cuernos mas parecen muletas: el cuero de éstas es tan preciado para cueras y otras cubiertas, por ser tan recias, que resisten cualquier golpe ó tiro. Lo que defiende á las dantas la fuerza del cuero, defiende á los que llaman armadillos la multitud de conchas, que abren y cierran como quieren á modo de corazas. Son unos animalejos pequeños que andan en montes, y por la defensa que tienen metiéndose entre sus conchas, y desplegándolas como quieren, los llaman armadillos. Yo he comido de ellos: no me pareció cosa de precio. Harto mejor comida es la de iguanas, aunque su vista es bien asquerosa, pues parecen puros lagartos de España, aunque éstos son de género ambiguo, porque andan en agua, y sálense á tierra, y súbense en árboles que están á la orilla del agua, y lanzándose de allí al agua, las cogen poniéndoles debajo los barcos. Chinchillas es otro género de animalejos pequeños como hardillas: tienen un pelo á maravilla blando, y sus pieles se traen por cosa regalada y saludable para abrigar el estómago, y partes que tienen necesidad de calor moderado: tambien se hacen cubiertas ó frazadas del pelo de estas chinchillas. Hállanse en la sierra del Perú, donde tambien hay otro animalejo muy comun, que llaman cuy, que los Indios tienen por comida muy buena, y en sus sacrificios usaban frecuentísimamente ofrecer estos cuyes. Son como conejuelos, y tienen sus madrigueras debajo de tierra; y en partes hay donde la tienen toda minada. Son algunos de ellos pardos: otros blancos y diferentes. Otros animalejos llaman vizcachas, que son á manera de liebres, aunque mayores, y tambien las cazan y comen. De liebres verdaderas tambien hay caza en partes bien abundante. Conejos tambien se hallan en el Reino de Quito; pero los buenos han ido de España. Otro animal donoso es el que por su excesiva tardanza en moverse le llaman perico ligero, que tiene tres uñas en cada mano: menea los pies y manos como por compás con grandísima flema: es á la manera de mona, y en la cara se le parece: da grandes gritos, anda en árboles y come hormigas.
CAPÍTULO XXXIX
De los micos ó monos de Indias.
Micos hay innumerables por todas esas montañas de Islas, y Tierra-firme y Andes. Son de la casta de monas, pero diferentes en tener cola, y muy larga, y haber entre ellos algunos linages de tres tanto, y cuatro tanto mas cuerpo que monas ordinarias. Unos son negros del todo, otros bayos, otros pardos, otros manchados y varios. La ligereza y maña de éstos admira, porque parece que tienen discurso y razon: en el andar por árboles parece que quieren imitar las aves. En Capira, pasando de Nombre de Dios á Panamá, vi saltar un mico de estos de un árbol á otro, que estaba á la otra banda del rio, que me admiró. Ásense con la cola á un ramo, y arrójanse adonde quieren, y cuando el espacio es muy grande, que no puede con un salto alcanzarle, usan una maña graciosa, de asirse uno á la cola del otro, y hacer de esta suerte una como cadena de muchos: despues ondeándose todos, ó columpiándose, el primero, ayudado de la fuerza de los otros, salta, y alcanza, y se ase al ramo, y sustenta á los demás, hasta que llegan, como dije, uno á la cola de otro. Las burlas, embustes y travesuras que estos hacen, es negocio de mucho espacio: las habilidades que alcanzan cuando los imponen, no parecen de animales brutos, sino de entendimiento humano. Uno ví en Cartagena en casa del Gobernador, que las cosas que de él me referian, apenas parecian creíbles. Como en enviarle á la taberna por vino, y poniéndole en la una mano el dinero, y en la otra el pichél, no haber órden de sacarle el dinero hasta que le daban el pichél con vino. Si los muchachos en el camino le daban grita ó le tiraban, poner el pichél á un lado, y apañar piedras, y tirarlas á los muchachos, hasta que dejaba el camino seguro; y así volvia á llevar su pichél. Y lo que es mas, con ser muy buen bebedor de vino (como yo se lo ví beber echándoselo su amo de alto), sin dárselo, ó darle licencia, no habia tocar al jarro. Dijéronme tambien, que si veía mugeres afeitadas, iba y les tiraba del tocado, y las descomponia y trataba mal. Podrá ser algo de esto encarecimiento, que yo no lo ví, mas en efecto no pienso que hay animal que así perciba y se acomode á la conversacion humana, como esta casta de micos. Cuentan tantas cosas, que yo, por no parecer que doy crédito á fábulas, ó porque otros no las tengan por tales, tengo por mejor dejar esta materia con solo bendecir al Autor de toda criatura, pues para sola recreacion de los hombres y entretenimiento donoso, parece haber hecho un género de animal, que todo es de reir, ó para mover á risa. Algunos han escrito, que á Salomon se le llevaban estos micos de Indias occidentales: yo tengo para mí que iban de la India oriental.
CAPÍTULO XL
De las vicuñas y tarugas del Perú.
Entre las cosas que tienen las Indias del Perú notables, son las vicuñas y carneros que llaman de la tierra, que son animales mansos y de mucho provecho. Las vicuñas son silvestres, y los carneros son ganado doméstico. Algunos han pensado que las vicuñas sean las que Aristóteles, Plinio y otros Autores tratan[195], cuando escriben de las que dicen capreas, que son cabras silvestres; y tienen sin duda similitud, por la ligereza, por andar en los montes, por parecerse algo á cabras. Mas en efecto, no son aquellas, pues las vicuñas no tienen cuernos, y aquellas los tienen, segun Aristóteles refiere. Tampoco son las cabras de la India oriental, de donde traen la piedra bezaar: ó si son de aquel género, serán especies diversas, como en el linage de perros es diversa especie la del mastin y la del lebrel. Tampoco son las vicuñas del Perú los animales que en la provincia de la Nueva-España tienen las piedras, que allá llaman bezaares, porque aquellos son de especie de ciervos ó venados. Así que no sé que en otra parte del mundo haya este género de animales, sino en el Perú y Chile, que se continúa con él. Son las vicuñas mayores que cabras, y menores que becerros: tienen la color, que tira á leonado, algo mas clara: no tienen cuernos, como los tienen ciervos y capreas: apaciéntanse, y viven en sierras altísimas, en las partes mas frias y despobladas, que allá llaman punas. Las nieves y el hielo no les ofende, antes parece que les recrea: andan á manadas, y corren ligerísimamente: cuando encuentran caminantes ó bestias, luego huyen, como muy tímidas: al huir echan delante de sí sus hijuelos. No se entiende, que multipliquen mucho, por donde los Reyes Incas tenian prohibida la caza de vicuñas, si no era para fiestas con órden suyo. Algunos se quejan, que despues que entraron Españoles se ha concedido demasiada licencia á los chacos ó cazas de vicuñas, y que se han disminuído. La manera de cazar de los Indios es chaco, que es juntarse muchos de ellos, que á veces son mil, y tres mil y mas, y cercar un gran espacio de monte, y ir ojeando la caza, hasta juntarse por todas partes, donde se toman trescientas y cuatrocientas, y mas y menos, como ellos quieren, y dejan ir las demás, especialmente las hembras, para el multiplico. Suelen trasquilar estos animales, y de la lana de ellos hacen cubiertas ó frazadas de mucha estima, porque la lana es como una seda blanda, y duran mucho; y como el color es natural y no de tinte, es perpetuo. Son frescas y muy buenas para en tiempo de calores: para inflamaciones de riñones y otras partes las tienen por muy sanas, y que templan el calor demasiado: y lo mismo hace la lana en colchones, que algunos usan por salud, por la experiencia que de ello tienen. Para otras indisposiciones, como gota, dicen tambien, que es buena esta lana ó frazadas hechas de ella: no sé en esto experiencia cierta. La carne de las vicuñas no es buena, aunque los Indios la comen, y hacen cusharqui ó cecina de ella. Para medicina podré yo contar lo que ví: Caminando por la sierra del Perú llegué á un tambo ó venta una tarde con tan terrible dolor de ojos, que me parecia se me querian saltar: el cual accidente suele acaecer de pasar por mucha nieve y mirarla. Estando echado con tanto dolor, que cuasi perdia la paciencia, llegó una India, y me dijo: Ponte, padre, esto en los ojos, y estarás bueno. Era una poca de carne de vicuña recien muerta, y corriendo sangre. En poniéndome aquella medicina se aplacó el dolor, y dentro de muy breve tiempo se me quitó del todo, que no le sentí mas. Fuera de los chacos que he dicho, que son cazas generales, usan los Indios particularmente para coger estas vicuñas, cuando llegan á tiro, arrojarles unos cordelejos con ciertos plomos, que se les traban, y envuelven entre los pies, y embarazan para que no puedan correr; y así llegan y toman la vicuña. Lo principal porque este animal es digno de precio, son las piedras bezaares, que hallan en él, de que diremos luego. Hay otro género que llaman tarugas, que tambien son silvestres, y son de mayor ligereza que las vicuñas: son tambien de mayor cuerpo, y la color mas tostada: tienen las orejas blandas y caídas. Estas no andan á manadas como las vicuñas; á lo menos yo no las vi sino solas, y de ordinario por riscos altísimos. De las tarugas sacan tambien piedras bezaares, y son mayores, y de mayor eficacia y virtud.
NOTAS:
[195] Arist. lib. 3. de part. animal. cap. 2. Plin. lib. 10. cap. 72.