Aunque constará por la Historia, que del Reino, sucesion y origen de los Mejicanos se escribirá, su modo de República y gobierno, todavia diré en suma lo que pareciere mas notable aquí en comun, cuya mayor declaracion será la Historia despues. Lo primero en que parece haber sido muy político el gobierno de los Mejicanos, es en el órden que tenian y guardaban inviolablemente de elegir Rey. Porque desde el primero que tuvieron llamado Acamapich, hasta el último que fue Motezuma, el segundo de este nombre, ninguno tuvo por herencia y sucesion el Reino, sino por legítimo nombramiento y eleccion. Esta á los principios fue del comun, aunque los principales eran los que guiaban el negocio. Despues en tiempo de Izcoatl, cuarto Rey, por consejo y órden de un sabio y valeroso hombre, que tuvieron, llamado Tlacaellél, se señalaron cuatro electores, y á éstos juntamente con dos Señores ó Reyes sujetos al Mejicano, que eran el de Tezcuco y el de Tacuba, tocaba hacer la eleccion. Ordinariamente elegian mancebos para Reyes, porque iban los Reyes siempre á la guerra, y cuasi era lo principal aquello para lo que los querian, y así miraban que fuesen aptos para la milicia, y que gustasen y se preciasen de ella. Despues de la eleccion se hacian dos maneras de fiestas: unas al tomar posesion de el estado Real, para lo cual iban al templo, y hacian grandes ceremonias y sacrificios sobre el brasero que llamaban divino, donde siempre habia fuego ante el altar de su Idolo, y despues habia muchas oraciones y arengas de Retóricos, que tenian grande curiosidad en esto. Otra fiesta y mas solemne era la de su coronacion, para la cual habia de vencer primero en batalla, y traer cierto número de cautivos que se habian de sacrificar á sus Dioses, y entraban en triunfo con gran pompa, y hacíanles solemnísimo recibimiento, así de los del templo (que todos iban en procesion, tañendo diversos instrumentos, é incensando y cantando), como de los seglares y de Corte que salian con sus invenciones á recibir al Rey victorioso. La corona é insignia Real era á modo de mitra por delante, y por detrás derribada, de suerte que no era del todo redonda, porque la delantera era mas alta, y subia en punta hácia arriba. Era preeminencia del Rey de Tezcuco haber de coronar él por su mano al Rey de Méjico. Fueron los Mejicanos muy leales y obedientes á sus Reyes, y no se halla que les hayan hecho traicion. Solo al quinto Rey llamado Tizocic, por haber sido cobarde y para poco, refieren las historias, que con ponzoña le procuraron la muerte; mas por competencias y ambicion no se halla haber entre ellos habido disension ni bandos, que son ordinarios en comunidades. Antes, como se verá en su lugar, se refiere haber rehusado el Reino el mejor de los Mejicanos, pareciéndole que le estaba á la República mejor tener otro Rey. A los principios, como eran pobres los Mejicanos y estaban estrechos, los Reyes eran muy moderados en su trato y Corte: como fueron creciendo en poder, crecieron en aparato y grandeza, hasta llegar á la braveza de Motezuma, que cuando no tuviera mas de la casa de animales que tenia, era cosa soberbia y no vista otra tal como la suya. Porque de todos pescados, aves, animales y bestias habia en su casa, como otra arca de Noé; y para los pescados de mar tenia estanques de agua salada, y para los de rios estanques de agua dulce: para las aves de caza y de rapiña su comida: para las fieras, ni mas ni menos en gran abundancia, y grande suma de Indios, ocupados en mantener y criar estos animales. Cuando ya veia que no era posible sustentarse algun género de pescado, ó de ave, ó de fiera, habia de tener su semejanza labrada ricamente en piedras preciosas, ó plata, ú oro, ó esculpida en marmol ó piedra. Y para diversos géneros de vida tenia casas y palacios diversos: unos de placer, otros de luto y tristeza, y otros de gobierno; y en sus palacios diversos aposentos conforme á la cualidad de los Señores que le servian, con extraño órden y distincion.


[CAPÍTULO XXV]

De los diversos Dictados y Ordenes de los Mejicanos.

Tuvieron gran primor en poner sus grados á los Señores y gente noble, para que entre ellos se reconociese á quien se debia mas honor. Despues del Rey era el grado de los cuatro como Príncipes electores, los cuales, despues de elegido el Rey, tambien ellos eran elegidos, y de ordinario eran hermanos ó parientes muy cercanos del Rey. Llamaban á estos Tlacohecalcátl, que significa el Príncipe de las lanzas arrojadizas, que era un género de armas que ellos mucho usaban. Tras éstos eran los que llamaban Tlacatecátl, que quiere decir cercenador ó cortador de hombres. El tercer dictado era de los que llamaban Ezuahuacátl, que es derramador de sangre, no como quiera, sino arañando: todos estos títulos eran de guerreros. Habia otro cuarto intitulado Tlillancalquí, que es Señor de la casa negra ó de negregura, por un cierto tizne con que se untaban los Sacerdotes, y servia para sus idolatrías. Todos estos cuatro dictados eran del Consejo supremo, sin cuyo parecer el Rey no hacia ni podia hacer cosa de importancia: y muerto el Rey, habia de ser elegido por Rey, hombre que tuviese algun dictado de estos cuatro. Fuera de los dichos, habia otros Consejos y Audiencias, y dicen hombres expertos de aquella tierra, que eran tantos como los de España, y que habia diversos Consistorios con sus Oídores y Alcaldes de Corte, y que habia otros subordinados, como Corregidores, Alcaldes mayores, Tenientes, Alguaciles mayores, y otros inferiores tambien subordinados á estos con grande órden, y todos ellos á los cuatro supremos Príncipes, que asistian con el Rey: y solos estos cuatro podian dar sentencia de muerte, y los demás habian de dar memorial á éstos de lo que sentenciaban y determinaban, y al Rey se daba á ciertos tiempos noticia de todo lo que en su Reino se hacia. En la hacienda tambien tenia su policia y buena administracion, teniendo por todo el Reino repartidos sus Oficiales, Contadores y Tesoreros, que cobraban el tributo y rentas Reales. El tributo se llevaba á la Corte cada mes por lo menos una vez. Era el tributo de todo cuanto en tierra y mar se cria, así de atavíos, como de comidas. En lo que toca á su religion ó supersticion é idolatría, tenian mucho mayor cuidado y distincion, con gran número de ministros, que tenian por oficio enseñar al pueblo los ritos y ceremonias de su ley. Por donde dijo bien y sabiamente un Indio viejo á un Sacerdote Cristiano, que se quejaba de los Indios, que no eran buenos Cristianos, ni aprendian la Ley de Dios. Pongan (dijo él) tanto cuidado los Padres en hacer los Indios Cristianos, como ponian los ministros de los Idolos en enseñarles sus ceremonias, que con la mitad de aquel cuidado seremos los Indios muy buenos Cristianos, porque la Ley de Jesu-Cristo es mucho mejor, y por falta de quien la enseñe, no la toman los Indios. Cierto dijo verdad, y es harta confusion y vergüenza nuestra.


[CAPÍTULO XXVI]

Del modo de pelear de los Mejicanos, y de las Ordenes Militares que tenian.

El principal punto de honra ponian los Mejicanos en la guerra, y así los nobles eran los principales soldados, y otros que no lo eran, por la gloria de la milicia subian á dignidades y cargos, y ser contados entre nobles. Daban notables premios á los que lo habian hecho valerosamente: gozaban de preeminencias, que ninguno otro las podia tener: con esto se animaban bravamente. Sus armas eran unas navajas agudas de pedernales puestas de una parte y de otra de un baston, y era esta arma tan furiosa, que afirman, que de un golpe echaban con ella la cabeza de un caballo abajo, cortando toda la cerviz: usaban porras pesadas y recias, lanzas tambien á modo de picas, y otras arrojadizas, en que eran muy diestros: con piedras hacian gran parte de su negocio. Para defenderse usaban rodelas pequeñas y escudos, algunas como celadas ó morriones, y grandísima plumería en rodelas y morriones, y vestíanse de pieles de tigres ó leones, ú otros animales fieros: venian presto á manos con el enemigo, y eran ejercitados mucho á correr y luchar, porque su modo principal de vencer, no era tanto matando, como cautivando; y de los cautivos, como está dicho, se servian para sus sacrificios. Motezuma puso en mas punto la caballería, instituyendo ciertas Ordenes Militares, como de Comendadores, con diversas insignias. Los mas preeminentes de éstos eran los que tenian atada la corona del cabello con una cinta colorada y un plumage rico, del cual colgaban unos ramales hácia las espaldas, con unas borlas de lo mismo al cabo: estas borlas eran tantas en número, cuantas hazañas habian hecho. De esta Orden de Caballeros era el mismo Rey tambien, y así se halla pintado con este género de plumages; y en Chapultepéc, donde están Motezuma y su hijo esculpidos en unas peñas, que son de ver, está con el dicho traje de grandísima plumagería. Habia otra Orden, que decian los Aguilas: otra, que llamaban los Leones y Tigres. De ordinario eran éstos los esforzados, que se señalaban en las guerras, los cuales salian siempre en ellas con sus insignias. Habia otros como Caballeros Pardos, que no eran de tanta cuenta como éstos, los cuales tenian unas coletas cortadas por encima de la oreja en redondo: éstos salian á la guerra con las insignias que esotros Caballeros; pero armados solamente de la cinta arriba: los mas ilustres se armaban enteramente. Todos los susodichos podian traer oro y plata, y vestirse de algodon rico, y tener vasos dorados y pintados, y andar calzados. Los plebeyos no podian usar vaso sino de barro, ni podian calzarse, ni vestir sino nequén, que es ropa vasta. Cada un género de los cuatro dichos tenia en Palacio sus aposentos propios con sus títulos: al primero llamaban aposento de los Príncipes: al segundo de los Aguilas: al tercero de Leones y Tigres: al cuarto de los Pardos, &c. La demas gente comun estaba abajo en sus aposentos mas comunes, y si alguno se alojaba fuera de su lugar, tenia pena de muerte.