[CAPÍTULO II]
De los antiguos moradores de la Nueva-España, y cómo vinieron á ella los Navatlácas.
Los antiguos y primeros moradores de las Provincias que llamamos Nueva-España, fueron hombres muy bárbaros y silvestres, que solo se mantenian de caza, y por eso les pusieron nombre de Chichimécas. No sembraban ni cultivaban la tierra, ni vivian juntos, porque todo su ejercicio y vida era cazar, y en esto eran diestrísimos. Habitaban en los riscos y mas ásperos lugares de las montañas, viviendo bestialmente sin ninguna policía, desnudos totalmente. Cazaban venados, liebres, conejos, comadrejas, topos, gatos monteses, pájaros, y aun inmundicias, como culebras, lagartos, ratones, langostas y gusanos, y de esto y de yerbas y raíces se sustentaban. Dormian por los montes en las cuevas, y entre las matas: las mugeres iban con los maridos á los mismos ejercicios de caza, dejando á los hijuelos colgados de una rama de un árbol, metidos en una cestilla de juncos, bien hartos de leche, hasta que volvian con la caza. No tenian superior, ni le reconocian, ni adoraban Dioses, ni tenian ritos, ni Religion alguna. Hoy dia hay en Nueva-España de este género de gente, que viven de su arco y flechas, y son muy perjudiciales, porque para hacer mal y saltear se acaudillan y juntan, y no han podido los Españoles, por bien ni mal, por maña ni fuerza, reducirlos á policía y obediencia, porque como no tienen pueblos, ni asiento, el pelear con éstos es puramente montear fieras, que se esparcen y esconden por lo mas áspero y encubierto de la sierra: tal es el modo de vivir de muchas Provincias hoy dia en diversas partes de Indias. Y de este género de Indios bárbaros principalmente se trata en los libros, de procuranda Indorum salute, cuando se dice, que tienen necesidad de ser compelidos y sujetados con alguna honesta fuerza, y que es necesario enseñarlos primero á ser hombres, y despues á ser Cristianos. Quieren decir, que de estos mismos eran los que en la Nueva-España llaman Otomíes, que comunmente son Indios pobres y poblados en tierra áspera; pero están poblados, y viven juntos, y tienen alguna policía, y aun para las cosas de Cristiandad, los que bien se entienden con ellos, no los hallan menos idóneos y hábiles, que á los otros que son mas ricos y tenidos por mas políticos. Viniendo al propósito, estos Chichimécas y Otomíes, de quien se ha dicho que eran los primeros moradores de la Nueva-España, como no cogian, ni sembraban, dejaron la mejor tierra y mas fértil sin poblarla, y esa ocuparon las naciones que vinieron de fuera, que por ser gente política, la llaman Navatláca, que quiere decir, gente que se explica y habla claro, á diferencia de esotra bárbara y sin razon. Vinieron estos segundos pobladores Navatlácas de otra tierra remota hácia el Norte, donde ahora se ha descubierto un Reino, que llaman el Nuevo-Méjico. Hay en aquella tierra dos Provincias: la una llaman Aztlan, que quiere decir, lugar de Garzas: la otra llamada Teuculhuacán, que quiere decir, tierra de los que tienen abuelos divinos. En estas Provincias tienen sus casas y sus sementeras, y sus Dioses, ritos y ceremonias, con órden y policía, los Navatlácas, los cuales se dividen en siete linages ó naciones; y porque en aquella tierra se usa, que cada linage tiene su sitio y lugar conocido, pintan los Navatlácas su origen y descendencia en figura de cueva, y dicen que de siete cuevas vinieron á poblar la tierra de Méjico, y en sus librerías hacen historia de esto, pintando siete cuevas con sus descendientes. El tiempo que ha que salieron los Navatlácas de su tierra conforme á la computacion de sus libros, pasa ya de ochocientos años, y reducido á nuestra cuenta fue el año del Señor de ochocientos y veinte, cuando comenzaron á salir de su tierra. Tardaron en llegar á la que ahora tienen poblada de Méjico, enteros ochenta años. Fue la causa de tan espacioso viage, haberles persuadido sus Dioses (que sin duda eran Demonios que hablaban visiblemente con ellos), que fuesen inquiriendo nuevas tierras de tales y tales señas, y así venian explorando la tierra, y mirando las señas que sus Idolos les habian dado, y donde hallaban buenos sitios, los iban poblando, y sembraban y cogian, y como descubrian mejores lugares, desamparaban los ya poblados, dejando todavia alguna gente, mayormente viejos y enfermos, y gente cansada: dejando tambien buenos edificios, de que hoy dia se halla rastro por el camino que trajeron. Con este modo de caminar tan de espacio gastaron ochenta años en camino que se puede andar en un mes, y así entraron en la tierra de Méjico el año de novecientos y dos á nuestra cuenta.
[CAPÍTULO III]
Como los seis linages Navatlácas poblaron tierra de Méjico.
Estos siete linages, que he dicho, no salieron todos juntos. Los primeros fueron los Suchimilcos, que quiere decir, gente de sementeras de flores. Estos poblaron á la orilla de la gran laguna de Méjico, hácia el Mediodia, y fundaron una ciudad de su nombre, y otros muchos lugares. Mucho despues llegaron los del segundo linage llamados Chalcas, que significa gente de las bocas, y tambien fundaron otra ciudad de su nombre, partiendo términos con los Suchimilcos. Los terceros fueron los Tepanecas, que quiere decir, gente de la Puente, y tambien poblaron en la orilla de la laguna al occidente. Estos crecieron tanto, que á la cabeza de su Provincia la llamaron Azcapuzálco, que quiere decir, hormiguero, y fueron gran tiempo muy poderosos. Tras éstos vinieron los que poblaron á Tezcuco, que son los de Culhua, que quiere decir, gente corva, porque en su tierra había un cerro muy encorvado. Y así quedó la laguna cercada de estas cuatro naciones, poblando éstos al oriente, y los Tepanécas al norte. Estos de Tezcuco fueron tenidos por muy cortesanos, y bien hablados; y su lengua es muy galana. Despues llegaron los Tlatluícas, que significa gente de la sierra: éstos eran los mas toscos de todos, y como hallaron ocupados todos los llanos en contorno de la laguna hasta las sierras, pasaron de la otra parte de la sierra, donde hallaron una tierra muy fértil, espaciosa y caliente, donde poblaron grandes pueblos y muchos: y á la cabeza de su Provincia llamaron Quahunahuác, que quiere decir, lugar donde suena la voz del Aguila, que corrompidamente nuestro vulgo llama Quernavaca; y aquella Provincia es la que hoy se dice el Marquesado. Los de la sexta generacion que son los Tlascaltécas, que quiere decir gente de pan, pasaron la serranía hácia el oriente, atravesando la sierra nevada, donde está el famoso volcan entre Méjico y la ciudad de los Angeles. Hallaron grandísimos sitios: extendiéronse mucho: fabricaron bravos edificios: fundaron diversos pueblos y ciudades: la cabeza de su Provincia llamaron de su nombre Tlascála. Esta es la nacion que favoreció á los Españoles, y con su ayuda ganaron la tierra, y por eso hasta el dia de hoy no pagan tributo, y gozan de exencion general. Al tiempo que todas estas naciones poblaban, los Chichimecas, antiguos pobladores, no mostraron contradiccion, ni hicieron resistencia, solamente se extrañaban, y como admirados se escondian en lo mas oculto de las peñas. Pero los que habitaban de la otra parte de la sierra nevada, donde poblaron los Tlascaltécas, no consintieron lo que los demas Chichimécas, antes se pusieron á defenderles la tierra, y como eran gigantes, segun la relacion de sus historias, quisieron echar por fuerza á los advenedizos; mas fue vencida su mucha fuerza con la maña de los Tlascaltécas. Los cuales los aseguraron, y fingiendo paz con ellos, los convidaron á una gran comida, y teniendo gente puesta en celada, cuando mas metidos estaban en su borrachera, hurtáronles las armas con mucha disimulacion, que eran unas grandes porras, rodelas, espadas de palo y otros géneros. Hecho esto, dieron de improviso en ellos: queriéndose poner en defensa, y echando menos sus armas, acudieron á los árboles cercanos, y echando mano de sus ramas, así las desgajaban, como otros deshojaran lechugas. Pero al fin; como los Tlascaltécas venian armados y en órden, desbarataron á los gigantes, y hirieron en ellos sin dejar hombre á vida. Nadie se maraville, ni tenga por fábula lo de estos gigantes, porque hoy dia se hallan huesos de hombres de increíble grandeza. Estando yo en Méjico año de ochenta y seis, encontraron un gigante de éstos enterrado en una heredad nuestra, que llamamos Jesús del Monte, y nos trajeron á mostrar una muela, que sin encarecimiento sería bien tan grande como un puño de un hombre, y á esta proporcion lo demás, lo cual yo ví, y me maravillé de su disforme grandeza. Quedaron, pues, con esta victoria los Tlascaltécas pacíficos, y todos los otros linages sosegados, y siempre conservaron entre sí amistad las seis generaciones forasteras, que he dicho, casando sus hijos é hijas unos con otros, y partiendo términos pacíficamente, y atendiendo con una honesta competencia á ampliar é ilustrar su República cada cual, hasta llegar á gran crecimiento y pujanza. Los bárbaros Chichimécos, viendo lo que pasaba, comenzaron á tener alguna policía, y cubrir sus carnes, y hacérseles vergonzoso lo que hasta entonces no lo era, y tratando ya con esotra gente, y con la comunicacion perdiéndoles el miedo, fueron aprendiendo de ellos, y ya hacian sus chozas y buhíos, y tenian algun órden de República, eligiendo sus Señores, y reconociéndoles superioridad. Y así salieron en gran parte de aquella vida bestial que tenian; pero siempre en los montes y llegados á las sierras, y apartados de los demás. Por este mismo tenor tengo por cierto, que han procedido las mas naciones y provincias de Indias, que los primeros fueron hombres salvages, y por mantenerse de caza, fueron penetrando tierras asperísimas, y descubriendo nuevo mundo, y habitando en él cuasi como fieras, sin casa, ni techo, ni sementera, ni ganado, ni Rey, ni ley, ni Dios, ni razon. Despues otros, buscando nuevas y mejores tierras, poblaron lo bueno, é introdujeron órden y policia, y modo de República, aunque es muy bárbara. Despues, ó de estos mismos, ó de otras naciones, hombres que tuvieron mas brío y maña que otros, se dieron á sujetar y oprimir á los menos poderosos, hasta hacer Reinos é Imperios grandes. Así fue en Méjico, así fue en el Perú, y así es sin duda donde quiera que se hallan ciudades y Repúblicas fundadas entre estos bárbaros. Por donde vengo á confirmarme en mi parecer, que largamente traté en el primer libro, que los primeros pobladores de las Indias occidentales vinieron por tierra, y por el consiguiente toda la tierra de Indias está continuada con la de Asia, Europa, Africa, y el mundo nuevo con el viejo, aunque hasta el dia presente no está descubierta la tierra, que añuda y junta estos dos mandos, ó si hay mar en medio, es tan corto, que le pueden pasar á nado fieras y hombres en pobres barcos. Mas dejando esta Filosofía, volvamos á nuestra historia.