LIBRO QUINTO
DE LA
HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS
[CAPÍTULO PRIMERO]
Que la causa de la idolatría ha sido la soberbia y envidia del demonio.
Es la soberbia del demonio tan grande y tan porfiada, que siempre apetece y procura ser tenido y honrado por Dios: y en todo cuanto puede hurtar y apropiar á sí lo que solo al altísimo Dios es debido, no cesa de hacerlo en las ciegas naciones del mundo, á quien no ha esclarecido aun la luz y resplandor del santo Evangelio. De este tan soberbio tirano leemos en Job[1], que pone sus ojos en lo más alto; y que entre todos los hijos de soberbia él es el Rey. Sus dañados intentos y traicion tan atrevida, con que pretendió igualar su trono con el de Dios, bien claro nos lo refieren las divinas Escrituras, diciéndole en Isaías[2]: Decías entre tí mismo: Subiré hasta el Cielo, pondré mi silla sobre todas las estrellas de Dios, me sentaré en la cumbre del Testamento, en las faldas de Aquilón, pasaré la alteza de las nubes, seré semejante al Altísimo. Y en Ezequiél[3]: Elevóse tu corazon, y dijiste: Dios soy yo, y en silla de Dios me he sentado en medio de el mar. Este tan malvado apetito de hacerse Dios, todavía le dura á Satanás; y aunque el castigo justo y severo de el muy Alto le quitó toda la pompa y lozanía, por donde se engrió tanto, tratándole como merecía su descortesía y locura, como en los mismos Profetas largamente se prosigue; pero no por eso aflojó un punto su perversa intención, la cual muestra por todas las vias que puede, como perro rabioso, mordiendo la misma espada con que le hieren[4]. Porque la soberbia, como está escrito, de los que aborrecen á Dios, porfia siempre. De aquí procede el perpetuo y extraño cuidado, que este enemigo de Dios ha tenido siempre de hacerse adorar de los hombres, inventando tantos géneros de idolatrías, con que tantos tiempos tuvo sujeta la mayor parte del mundo, que apenas le quedó á Dios un rincón de su pueblo Israél[5]. Y con la misma tiranía, después que el fuerte del Evangelio le venció, y desarmó y entró por la fuerza de la Cruz las mas importantes y poderosas plazas de su Reyno, acometió las gentes más remotas y bárbaras, procurando conservar entre ellas la falsa y mentida divinidad que el Hijo de Dios le había quitado en su Iglesia, encerrándole como á fiera, en jaula, para que fuese para escarnio suyo y regocijo de sus siervos, como lo significa por Job[6]. Mas en fin, ya que la idolatría fue extirpada de la mejor y mas noble parte del mundo, retiróse á lo mas apartado, y reinó en estotra parte del mundo, que aunque en nobleza muy inferior, en grandeza y anchura no lo es. Las causas porque el demonio tanto ha esforzado la idolatría en toda infidelidad, que apenas se hallan gentes que no sean idólatras, y los motivos para esto, principalmente son dos. Uno es, el que está tocado de su increíble soberbia, la cual, quien quisiere bien ponderar, considere que al mismo Hijo de Dios y Dios verdadero acometió, con decirle tan desvergonzadamente[7], que se postráse ante él y le adoráse; y esto le dijo, aunque no sabiendo de cierto que era el mismo Dios; pero teniendo por lo menos grandes barruntos de que fuese Hijo de Dios. ¿A quién no asombrará tan extraño acometimiento? ¿Una tan excesiva y tan cruél soberbia? ¿Qué mucho que se haga adorar de gentes ignorantes por Dios el que al mismo Dios acometió, con hacersele Dios, siendo una tan sucia y abominable criatura? Otra causa y motivo de idolatría es el ódio mortal y enemistad que tiene con los hombres. Porque como dice el Salvador[8]: Desde el principio fué homicida, y eso tiene por condicion y propiedad inseparable de su maldad. Y porque sabe que el mayor daño del hombre es adorar por Dios á la criatura, por eso no cesa de inventar modos de idolatría con que destruir los hombres y hacerlos enemigos de Dios. Y son dos los males que hace el demonio al idólatra: uno que niega á su Dios, segun aquello[9]: Al Dios que te crió desamparaste: otro que se sujeta á cosa mas baja que él, porque todas las criaturas son inferiores á la racional; y el demonio, aunque en la naturaleza es superior al hombre, pero en el estado es muy inferior, pues el hombre en esta vida es capaz de la vida divina y eterna. Y así por todas partes con la idolatría Dios es deshonrado y el hombre destruído; y por ambas vias el demonio soberbio y envidioso muy contento.
[CAPÍTULO II]
De los géneros de idolatrías que han usado los Indios.
La idolatría, dice el Sábio, y por él el Espíritu Santo[10], que es causa y principio y fin de todos los males; y por eso el enemigo de los hombres ha multiplicado tantos géneros y suertes de idolatría, que pensar de contarlos por menudo, es cosa infinita. Pero reduciendo la idolatría á cabezas, hay dos linajes de ella: una es cerca de cosas naturales: otra cerca de cosas imaginadas ó fabricadas por invencion humana. La primera de estas se parte en dos, porque, ó la cosa que se adora es general, como Sol, Luna, fuego, tierra, elementos: ó es particular, como tal rio, fuente, ó árbol ó monte, y cuando no por su especie, sino en particular son adoradas estas cosas: y este género de idolatría se usó en el Perú en grande exceso, y se llama propiamente Guaca. El segundo género de idolatría, que pertenece á invención ó ficción humana, tiene también otras dos diferencias: una de lo que consiste en pura arte é invención humana, como es adorar Idolos ó estátuas de palo, ó de piedra ó de oro, como de Mercurio ó Palas, que fuera de aquella pintura ó escultura, ni es nada, ni fué nada. Otra diferencia es, de lo que realmente fué y es algo; pero no lo que finge el idólatra que lo adora, como los muertos ó cosas suyas, que por vanidad y lisonja adoran los hombres. De suerte, que por todas contamos cuatro maneras de idolatría que usan los infieles; y de todas convendrá decir algo.