Bastan las anteriores citas para que nuestros lectores juzguen de la consideración que tuvieron nuestros antepasados á los infelíces á quienes la fuerza bruta de las armas sumió en las desventuras de la esclavitud.
La lectura de los infinitos documentos referentes á aquella, que han pasado por nuestras manos, ofrece como marcas generales las de la S y el clavo que colocaban en el centro de dicha letra verticalmente y las de los nombres y apellidos de los dueños seguidos á veces hasta de la profesión de aquel como se ha visto en la morisca que perteneció al que hoy llamaríamos arquitecto municipal.
Por último diremos que en ocasiones, fueron también objeto de regalo los desdichados moros, hechos prisioneros por nuestros soldados, según consta en un libramiento de la Ciudad hecho á 1.º de Diciembre de 1488 en favor de Gonzalo Gómez de Cervantes y del comendador Juan de la Parra, «de 50000 maravedises por ciertos moros y moras del Rey y de la Reyna» que la Ciudad regaló al Maestre de Santiago y además 30 doblas de oro castellanas, que se pagaron á Luís Diaz de Toledo por un halcón que se envió también como obsequio al mencionado Maestre.
Muy posible es que entonces el magnate agasajado hubiese visto con más agrado el halcón de 30 doblas que sus míseros esclavos.
La fiesta del Corpus Christi en Sevilla
EN LOS SIGLOS XV Y XVI
I
No pretendemos en estos ligeros apuntes trazar la historia de tan gran festividad religiosa de la Iglesia Católica en nuestra ciudad. Redúcese nuestro objeto tan solo á consignar algunos curiosos pormenores por los cuales verá el lector de qué distinta manera fué solemnizada en Sevilla en aquellos siglos de fe y de entusiasmo, durante las centurias XV.ª y XVI.ª con datos inéditos en su mayor parte por cuyo concepto estimamos que serán vistos con gusto por los aficionados.
Instituida esta solemnidad por el Pontífice Urbano IV en 1264 para toda la cristiandad, no fué acogida en sus principios, con todo el amor que era de esperar á causa de la gran división que perturbaba la Italia de güelfos y gibelinos, pero en el Concilio general de Viena celebrado en 1311 bajo Clemente V, fué confirmada la Bula de Urbano IV en presencia de los reyes de Francia, Inglaterra y Aragón, mandándose ponerla en vigor en toda la Iglesia. En 1316 el Pontífice Juan XXII añadió á esta fiesta una octava con el mandato de llevar públicamente en procesión el Santísimo Sacramento.
Ni en los archivos capitular eclesiástico ni en el municipal, hemos logrado ver documentos relativos á esta solemnidad en el siglo XIV,[39] mas parece razonable suponer, que entonces, los pueblos, que no eran muy dados á novedades porque tampoco las circunstancias político-sociales permitían andar variando á cada paso sus usos, costumbres y ceremonias se celebraria la fiesta del Cuerpo de Dios entrado el siglo XV con poca diferencia de como se efectuaba en la precedente centuria.