Sebastián de Hojeda y Alonso de Salas obligáronse á pintar en las casas de Melchor de Corníeles en 1553 lo siguiente:

«Primeramente el corredor que está á la entrada de la puerta con todo el patio á la redonda con el portal que hace a la subida de la escalera de dos varas con corona y todo de un alizer de figuras de «romano» y haciendo vn repartimiento de un tablero de figuras de romano[105] y otro de figuras de colores[106] muy buenas y subidas.»

Los corredores altos irían pintados conforme los bajos.

En los rincones (¿enjutas?) obligábanse á hacer unas medallas, en los arranques de los arcos altos y bajos y en los desvanes y alficares[107] de su romano bien hechas y de buena obra por dentro y fuera de los arcos.

Pintarían también seis suelos (techos) de corredores altos y bajos de artesones conforme a buena obra y subidos colores y los albedenes[108] de las salas altas y bajas «que sean de sus albernaques[109] conforme a buena obra y que se echen sus alizares que parescan azulejos.»

Pintarían la escalera de arriba abajo como lo del patio, todo al temple, con huevo «porque queden fixas las colores» de manera que el agua ni las pudiese dañar ó despintar.[110]

En esta obra trátase indudablemente de una decoración mudéjar plateresca.

En 1551 Francisco Martínez y Alonso Hernández hicieron en compañia cierta obra de pintura en casa de Alonso Medina, que consistió en una dança «de arcos (arquería) alta e baxa de medallas,» esto es, adornada con cabezas ó bustos de varón y de mujer,[111] motivos frecuentísimos en todas las obras decorativas de la época.

Hiciéronse también extensivas las pinturas á los tableros de las puertas[112] conservándose una bellísima muestra de este género en las de la sala llamada de «Profundis» en el monasterio de Sta. Inés de esta ciudad. Ofrecen los tableros exteriores, encerrados en sendas láureas, los escudos de los Fernández Coronel é interiormente las imágenes de San Francisco de Asís y de Sta. Clara, resaltando sobre primorosos y elegantes adornos ojivales.

Las galerías altas de aquellas suntuosas viviendas hallábanse al descubierto, y nuestros abuelos no reparaban en salir á los corredores los días de invierno, desafiando las pulmonías.